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Elecciones primarias


Pocas veces se ha deslizado una revolución tan sutilmente en la estructura política panameña como la realización de elecciones primarias para la elección de los candidatos a la presidencia y vicepresidencias de la República. Una revolución que conmociona las fibras íntimas de los partidos y los somete a una especie de gimnasia obligatoria de orden cívico para elegir a los aspirantes mediante el voto universal de los militantes. Tengamos presente que no es lo mismo una revolución que una revuelta, un torneo vigoroso y limpio que una guerrilla de ataques infraternos.
Es muy importante que distingamos la diferencia entre revolución y revuelta porque el espíritu y la letra de las elecciones primarias persigue fortalecer la democracia interna de los partidos, eliminando las oligarquías partidarias, y no destruir los partidos, lanzándolos a la anarquía y el caos. La teoría política de las elecciones primarias se propone alcanzar objetivos de primer nivel. Aspira a consolidar la democracia participativa en los partidos políticos, determinando que los militantes debidamente inscritos y empadronados, de conformidad con las regulaciones electorales, voten por los candidatos de su libre elección, sin imposiciones ni presiones.
Bajo el principio democrático un militante, un voto, los partidos panameños podrán contar con candidatos que capten apoyo no repartiendo cerveza o seco, sino presentando programas de acción sólidos en sus propuestas y beneficiosos en sus metas. Ya no podrá existir compra de votos, porque si así fuera, los militantes traicionarían la conquista popular; ni podrán imponerse los candidatos con el apoyo de maquinarias millonarias sino que se verán obligados a convencer con ideas y proyectos de envergadura social.
Basta repasar los resultados de las encuestas de opinión para comprobar que los partidos políticos se han desprestigiado, que los jóvenes panameños están perdiendo la fe y muchos de ellos repudian la política, porque la consideran una actividad subalterna que tiende a crear fortunas súbitas y se trafica en ocasiones con las esperanzas del pueblo a alcanzar empleo, ingresos económicos dignos y una mejor calidad de vida. Es posible que en las elecciones primarias resida la clave de la rehabilitación de las organizaciones partidarias, el principio de la recuperación de la fe perdida.
Obviamente las elecciones primarias no van a ser la panacea para reconstruir los partidos políticos. No nos asustemos si en el primer ensayo del nuevo sistema de elección interna la tendencia es al cisma aparente, a la confrontación y al juega sucio. Después de muchos años de dictadura y de oligarquías partidarias, todavía nos falta mucho que aprender, todavía no llegamos al punto de madurez ideal. Lo conseguiremos gradualmente. Pero ya estamos en el camino correcto y debemos empezar a caminar.

101 años de Panamá América

 
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