Elecciones transparentes en Argentina
Cuando Carlos Raúl Menem apabulló al candidato de la Unión Cívica Radical, nadie dudó que la elección del dirigente peronista era un voto de rechazo a la desastrosa política económica que llevó la inflación a las nubes, pulverizó el valor del peso y dejaba casi en ruinas a la economía general. Diez años después, la recesión económica, la agudización del desempleo y de manera específica, la corrupción de altos funcionarios concurren decisivamente a la interpretación de los resultados electorales favorables a la Unión Cívica Radical y desfavorables al peronismo como un nuevo voto de castigo al legado del gobierno perdedor.
Por ello es que algunos analistas políticos se animan a realzar la importancia de los comicios argentinos no tanto en función de etiquetas políticas sino en consideración primordial de los hechos de gobierno, esto es de un pronunciamiento independiente de electores que anteponen la base económica a la orientación ideológica. Desde esa perspectiva, el respaldo a Fernando de la Rúa no sería tanto por su militancia radical, dado que el antecedente del gobierno de Alfonsín antes que otra cosa
lo lesionaría, sino porque ha prometido moderar los excesos económicos y éticos del injerto peronista- liberal que desarrolló Menem.
El nuevo gobierno radical, en alianza con el Frepaso de centro-izquierda del vicepresidente Carlos Alvarez, intentará restablecer más que nada el orden moral resquebrajado por privatizaciones sospechosas de favoritismo y por las calamidades desatadas por la recesión económica.
Mientras se inicia la transferencia de poderes, todos celebramos el marco democrático de las elecciones, cuyos resultados fueron transmitidos a minutos de cerrarse las urnas por empresas privadas de comunicación, en un ejercicio de transparencia del que debemos tomar nota en Panamá, puesto que contrasta con las trabas burocráticas que nos mediatizan desde el punto de vista informativo.
Por ello es que algunos analistas políticos se animan a realzar la importancia de los comicios argentinos no tanto en función de etiquetas políticas sino en consideración primordial de los hechos de gobierno, esto es de un pronunciamiento independiente de electores que anteponen la base económica a la orientación ideológica. Desde esa perspectiva, el respaldo a Fernando de la Rúa no sería tanto por su militancia radical, dado que el antecedente del gobierno de Alfonsín antes que otra cosa
lo lesionaría, sino porque ha prometido moderar los excesos económicos y éticos del injerto peronista- liberal que desarrolló Menem.
El nuevo gobierno radical, en alianza con el Frepaso de centro-izquierda del vicepresidente Carlos Alvarez, intentará restablecer más que nada el orden moral resquebrajado por privatizaciones sospechosas de favoritismo y por las calamidades desatadas por la recesión económica.
Mientras se inicia la transferencia de poderes, todos celebramos el marco democrático de las elecciones, cuyos resultados fueron transmitidos a minutos de cerrarse las urnas por empresas privadas de comunicación, en un ejercicio de transparencia del que debemos tomar nota en Panamá, puesto que contrasta con las trabas burocráticas que nos mediatizan desde el punto de vista informativo.