Elecciones y violencia
En Panamá ningún candidato necesita agredir físicamente a otro para imponerse el día de las urnas. En esta tierra no hay partido político que pregone o practique los métodos violentos como vía de acceso al poder. Ciertamente, hay individuos violentos que probablemente están distribuidos de forma igualitaria entre todos los partidos, pero que en ninguno forman una facción organizada, por lo menos no de una manera conocida hasta ahora.
Los actos de agresión física que se han suscitado hasta ahora son manifestaciones aisladas de comportamientos no organizados de manera colectiva. Como tales, deben ser investigados por las autoridades ordinarias, pues no hay fundamento legal alguno para hacer de estas cuestiones un litigio en la jurisdicción electoral. De los candidatos y los partidos se espera que, individualmente, cooperen con las autoridades en la identificación y juzgamiento de aquellos que han perpetrado actos reprochables contra la integridad de los candidatos y los que no son candidatos.
Sería lamentable que un supuesto cálculo político busque sacar ventaja de una situación que es indigna de la política y que para los panameños comunes y corrientes es inaceptable en el juego electoral. Además, sería vergonzoso que las suspicacias que se han levantado con las distintas versiones contradictorias sobre los hechos acaecidos durante las fiestas del carnaval, sean confirmadas por la ausencia de una actuación judicial que establezca las responsabilidades del caso con certeza. Hay que condenar, pues, la violencia, en primer lugar; y, en segundo, al "juega-vivo".