Electricidad, mercado y demagogia
El costo de la energía no va a bajar en los próximos años. Quienquiera que trate de posponer lo inevitable, mediante subsidios y otras medidas populistas, sólo está acumulando una enorme cabeza de agua, que hará más daño que el que se pretende evitar con medidas cobardes. Las cabezas de agua son esas inundaciones inesperadas que se precipitan por los ríos aparentemente apacibles. Se producen cuando río arriba, el agua se va represando, sea por causas naturales, por obra de animales o por la mano del hombre y de repente la represa cede y, de un solo golpe, se desboca la acumulación de agua con toda la fuerza salvaje que eso implica. Ese mismo efecto tienen los subsidios temporales.
Los mercados requieren de "señales" de parte de quienes participan en ellos. Estas son los precios, la oferta, la demanda, los estudios de disponibilidad, los informes de crecimiento o decrecimiento de la economía como un todo o de algunos de sus sectores, entre otras. Con base a estas señales cada quien toma medidas o decisiones para salir bien librado de los cambios. Cuando hay un cambio de niveles de precio en el mercado de los hidrocarburos y dicho cambio se sostiene en el tiempo, señalando una tendencia alcista, es claro que no será un cambio de nivel de precios temporal, sino permanente. Los subsidios al consumo energético impiden que el mercado reciba la señal de cambio, y tome las medidas para enfrentar la nueva realidad. Al no hacer nada al respecto de su consumo en el primer aumento de precios, la persona o empresa se expone a un mayor impacto cuando termine el período de subsidio, puesto que tendrá que pagar la energía a un precio mucho mayor que el que le hubiera correspondido en la primera alza. En lugar de cambiar sus focos y equipos de consumo ineficiente, modificar horarios y otras medidas similares, la persona o empresa sigue consumiendo como si nada pasara.
Cuando se acaba el fondo de subsidio y no queda más remedio que pasar el costo al consumidor, el impacto es devastador. Es muy distinto el nivel de daño que puede causar una cabeza de agua sobre un poblado que no ha tomado previsiones, que sobre un asentamiento humano que se ha preparado. Es el mismo efecto con los precios de los productos y servicios básicos cuando se acaban los subsidios.
Por supuesto que el subsidio no sólo es dañino por sus efectos adormecedores, sino que en sí es una gran estafa. Lo único que está sucediendo al subsidiar, es que en lugar de pagar el producto o servicio a su valor real en un solo pago lo estamos pagando en la cuenta directa y también en los impuestos. De algún lado tiene que salir el dinero y normalmente lo sacan de los bolsillos de los ciudadanos. ¡Y además pretenden que les demos las gracias!
Los mercados requieren de "señales" de parte de quienes participan en ellos. Estas son los precios, la oferta, la demanda, los estudios de disponibilidad, los informes de crecimiento o decrecimiento de la economía como un todo o de algunos de sus sectores, entre otras. Con base a estas señales cada quien toma medidas o decisiones para salir bien librado de los cambios. Cuando hay un cambio de niveles de precio en el mercado de los hidrocarburos y dicho cambio se sostiene en el tiempo, señalando una tendencia alcista, es claro que no será un cambio de nivel de precios temporal, sino permanente. Los subsidios al consumo energético impiden que el mercado reciba la señal de cambio, y tome las medidas para enfrentar la nueva realidad. Al no hacer nada al respecto de su consumo en el primer aumento de precios, la persona o empresa se expone a un mayor impacto cuando termine el período de subsidio, puesto que tendrá que pagar la energía a un precio mucho mayor que el que le hubiera correspondido en la primera alza. En lugar de cambiar sus focos y equipos de consumo ineficiente, modificar horarios y otras medidas similares, la persona o empresa sigue consumiendo como si nada pasara.
Cuando se acaba el fondo de subsidio y no queda más remedio que pasar el costo al consumidor, el impacto es devastador. Es muy distinto el nivel de daño que puede causar una cabeza de agua sobre un poblado que no ha tomado previsiones, que sobre un asentamiento humano que se ha preparado. Es el mismo efecto con los precios de los productos y servicios básicos cuando se acaban los subsidios.
Por supuesto que el subsidio no sólo es dañino por sus efectos adormecedores, sino que en sí es una gran estafa. Lo único que está sucediendo al subsidiar, es que en lugar de pagar el producto o servicio a su valor real en un solo pago lo estamos pagando en la cuenta directa y también en los impuestos. De algún lado tiene que salir el dinero y normalmente lo sacan de los bolsillos de los ciudadanos. ¡Y además pretenden que les demos las gracias!