Electricidad y transporte
Como dice el lema del anuncio televisivo: “Sabías que ahorrar luz es sencillo en tu bolsillo”, es una estrategia publicitaria que, sin duda, tiene su lado positivo. Es cierto, cada persona es responsable por el mejor aprovechamiento de los recursos energéticos y su ahorro. Pero, con todo ese despliegue de propaganda de las empresas distribuidoras de energía, no evito sentir que el aumento fuese causado o fuese culpa del consumidor, y por consiguiente tenemos que aceptar la tarifa que se les ocurra cobrarnos. En parte estas empresas, que son distribuidoras, es decir intermediarios, deben estar “pescando en río revuelto” porque nadie sabe a ciencia cierta cuánto son los costos de las empresas que generan o producen la electricidad, y aumentan y aumentan.
Otro gran responsable de los aumentos en la energía es el Gobierno Nacional y las compañías de generación energética, que con su actitud perezosa y pusilánime, no ha dado paso significativo para entrar en la positiva ola de la producción de energías verdes, no dependientes de hidrocarburos tradicionales, muy desarrollada en otras latitudes. Y es que la ineficiencia principal radica en la manera en que se administra este gobierno, que ha “desembolsado” B/. 27,9 millones para subsidios, es decir dinero que se gasta pagándole a estas empresas extranjeras usureras. Son B/.27,9 millones que bien pueden invertirse en infraestructuras de generación energética, como molinos o generadores eólicos gigantes, cuyo costo oscila entre uno y dos millones de dólares, construidos, principalmente, en países escandinavos. Ni hablar de la importación de combustibles a base alcoholes y biodiesel, populares en Brasil. Todas, fuentes de energía no contaminante, no dependiente de fluctuaciones del precio del petróleo, que inyectarían un impulso significativo en la economía nacional.
Pero, el dinero que se guarda en las arcas nacionales es para gastarse insosteniblemente en subsidios que alcanzarán hasta junio de 2008, bajo la aquiescencia del Sr. Presidente.
En cuanto al transporte público, principalmente de la urbe capitalina, maculado por su pésimo servicio, su cola de muerte y terror a sus usuarios, su contaminación e ineficiencia. En lo energético, resulta obvio que este sistema de cupos y su pululación hacen que los reclamos de los concesionarios tengan cierta lógica. Su dependencia al precio del combustible es evidente, pero también lo es que su sistema y forma de operar los hace más caros e ineficientes. Hay buses de diferentes rutas que transitan por un mismo trayecto, por eso hay unos llenísimos y otros vacíos. No hay un sistema científico de distribución de las rutas, de trasbordos y horarios, etc., que evitaría la pérdida de tiempo, esfuerzo y combustible. El desorden actual crea pérdidas.
Nuevamente, la laxitud y debilidad de las políticas de transporte público por parte del Gobierno (los anteriores y el actual) hacen que se recurra al subsidio, que nos empobrece gradualmente, en vez de comenzar a usar el ingenio humano, por ejemplo, invertir e implementar un sistemas de transporte público masivo, como trenes de Panamá a Colón, o Panamá a Capira, sistemas subterráneos, rutas ordenadas de autobuses, en fin. Es muy curioso que aquí en Panamá se invierta tanto recurso, ingenio y esfuerzo en el transporte de barcos extranjeros, pero se carezca de tanto y se haga tan poco para movilizar dignamente a su propia población nacional.