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Elementos para un balance de coyuntura


Para construir un balance de coyuntura, que no es un simple informe periodístico, se debe tener una noción de cómo funciona la realidad social y de sus aspectos más significativos. Ello porque es la propia realidad, en su totalidad, la que se debe desagregar en sus componentes internos para buscar cuál de ellos preside la situación temporal (no siempre es el económico), para luego agregar los elementos dispersos en una síntesis que permita comprender el conjunto de acontecimientos. Un ejemplo de lo anterior es el siguiente: la crisis de octubre de 1968 se instaló en lo político y no en lo social o lo económico, aspectos que si bien pueden explicar el largo curso de los acontecimientos, no tienen especial significación para explicar el mismo golpe de Estado. Otro ejemplo es la crisis de junio de 1987, la que no puede referirse a un problema económico, pues la economía no sufría una desaceleración. Esta fue producto de la crisis y no su consecuencia.
Los elementos de la actual realidad parecen, por el contrario, dominados por los siguientes hechos:
Una desaceleración económica expresada en tasas de crecimiento decrecientes (1998-1999-2000), tasas de desempleo abierto y encubierto crecientes, insuficiencias en los recursos del Estado para enfrentar los crecientes problemas sociales (educación, salud, vivienda, y otros). A diferencia de los dos casos expuestos, ahora si lo económico determina directamente los siguientes acontecimientos.Los acontecimientos de explosión social se suceden con relativa rapidez: Bocas del Toro, Colón, El Chorrillo y otros son expresión de una situación que parece agravarse. La respuesta gubernamental, aunque pareciera dudar, tiende a endurecerse. En el horizonte aparece, con toda su magnitud, la represión al movimiento popular, es decir, a sus dirigentes más combativos. Una ecuación parece posible: mientras más crezca la protesta social y se agudice, y mientras menos pueda el Estado responder con medidas populistas, mayor será su inclinación a la represión. Ello por ciert no transformará el sistema democrático aunque en su límite, pueda afectar su gobierno.La inestabilidad que produce lo anterior podrá culminar en una alteración de la correlación de fuerzas políticas, debilitando a todos los partidos políticos que funcionan en el aparato institucional y, es posible, convocando a sectores sociales a movilizarse creando nuevos organismos que participen los acontecimientos. Lo que estamos señalando es que parece posible que la oposición social pueda jugar un papel determinante, provocando desgajamientos en algunos partidos institucionales. La tarea abierta es, para nosotros, acelerar la organización de todas las fuerzas sociales, dándole un marco político y orgánico unitario que permita acumular fuerzas suficientes, que debe culminar en una organización de masas capaz de enfrentar, mediante métodos compartidos (institucionales y no institucionales), la actual y futura coyuntura.

101 años de Panamá América

 
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