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Ellas en la sociedad hoy


El informe nacional Clara González sobre la situación de la mujer, explica las condiciones que afectan su desenvolvimiento, y nos desafía a erigir una sociedad más amable con ellas y ellos: Aunque las mujeres panameñas han incrementado su participación en el mercado laboral, aún enfrentan situaciones y condiciones particulares que no permiten su pleno desarrollo laboral como el desempleo, el empleo informal, las condiciones laborales poco favorables y las desigualdades salariales.

Su trabajo reproductivo y doméstico (administración y cuidado del hogar, así como de los niños/as, enfermos/as y personas adultas mayores) no es reconocido ni valorado; y muchas lo realizan junto con el trabajo productivo y hasta comunitario, con las consecuentes cargas físicas y emocionales. Pese a que las mujeres tienden a permanecer y egresar más que los hombres en el sistema educativo, sobre todo en los niveles medio y superior, esto no conduce necesariamente a mejores ingresos ni a mejores posiciones, y se mantiene la misma brecha salarial de la década del noventa.

La imagen de la mujer en los medios de comunicación sigue apareciendo con una imagen estereotipada y degradante que invisibiliza los roles variados que ejecuta en la sociedad panameña.

La violencia contra ellas es un hecho social que menoscaba sus oportunidades en el ámbito más íntimo de sus vidas y que puede llevarlas hasta la muerte: el femicidio, como la máxima expresión, del control y poder sobre la vida de las mujeres.

Aunque han incrementado su participación política y social, pues representan el 48% de las inscritas en partidos políticos, no están paritariamente representadas en los puestos de toma de decisión de estos mismos partidos ni sus intereses estratégicos reconocidos en las agendas de debate.

Siguen siendo afectadas principalmente por los tumores de mama y de cuello uterino, asociados con la falta de educación integral en salud sexual y reproductiva, así como los prevalecientes mitos y prejuicios culturales en el tema, que contribuyen al incremento de enfermedades de transmisión sexual, VIH/SIDA, a los abortos clandestinos y a la consecuente morbimortalidad materna.

Las niñas, adolescentes y jóvenes viven etapas de su ciclo vital que se reproducen e incrementan en su vida adulta. El 30% de las adolescentes que son embarazadas entre sus 15 y 19 años, lo son por hombres mayores de 25 años. En la mayoría de los casos, estas jóvenes no reciben apoyo para continuar sus estudios, ni para fortalecer su autoestima, lo que reproduce en sus hijos e hijas las condiciones de exclusión y minusvalía, transmitiéndolo también a otra generación.

Las mujeres indígenas y afrodescendientes sufren la discriminación por su apariencia, a través del rechazo en el sistema educativo a los peinados o tradicionales; la no aceptación en puestos de trabajo específicos; o la discriminación cultural de las indígenas al impedirles el acceso a la educación intercultural bilingüe, o a los sistemas de producción.

A diferencia de los hombres internos en centros penitenciarios, las privadas de libertad están involucradas más en delitos contra la salud pública, y no siempre son beneficiadas con las mismas prerrogativas que los internos, y las condiciones para la atención de sus familias no son las más apropiadas.

Hay limitaciones para que la mujer rural tenga pleno acceso al crédito, a la capacitación y a la propiedad de la tierra. Si se suma la condición discapacidad, se incrementan las dificultades para acceder al desarrollo en igualdad de oportunidades.

raulleisr@hotmail.com

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