¡Ellos te dirán la verdad!
Desde 1992, cada segundo domingo del mes de diciembre, se celebró el día mundial de la radio y la televisión a favor de la infancia. A partir de este año, se celebrará el 1 de marzo.
La UNICEF instituyó dicha fecha para reconocer el derecho de los niños del mundo a expresar sus ideas convirtiéndose en difusores de sus pensamientos con la asistencia de los medios de comunicación. La Unicef premia a aquellos que promuevan la participación de niños y jóvenes dentro de sus programaciones.
Amén del reconocimiento que otorga la UNICEF, es imprescindible elogiar esta iniciativa mundial. Este organismo adscrito a la Organización de las Naciones Unidas salvaguarda el cumplimiento de los principios inmersos en la Convención sobre los Derechos del Niño.
Dicha convención es una herramienta de trascendente valor jurídico a nivel mundial, ratificada por Panamá el 12 de diciembre de 1990, que contempla el minucioso desarrollo de los derechos de los niños, entre ellos, el derecho a la libertad de expresión.
En nuestro país, variados medios de comunicación consideran los pensamientos de los niños y jóvenes promoviendo la divulgación de sus ideas en dinámicos programas. Al considerar sus opiniones, les permitimos sentirse incluidos y no ajenos a la realidad mundial.
El rol de los medios de comunicación es vital en la trocha que deseamos abrir para dejar a nuestros hijos un futuro mejor. Aprovechemos esta ocasión que regala la UNICEF a los medios de comunicación y llevémosla hasta nuestros hogares, pues toda oportunidad que exalte los valores es propicia para construir un mundo mejor. La justificación de mi planteamiento radica en que:
Si los adultos consideráramos en algo sus propuestas probablemente solucionaríamos algunas de nuestras dificultades.
La visión del mundo captada desde los ojos de un niño es tan simple como profunda, tan apacigua como estremecedora. Sus ideas son expresadas sin rodeos, sin miedos ni ataduras.
Sus mentes son capaces de desarrollar inefables y valiosos pensamientos. La chispa que se enciende en sus ojos y transmiten con su voz no es más que la inocencia de un ser que proyecta la grandeza de Dios reflejada en su pupilas cuando nos miran y en sus palabras cuando nos hablan.
Ellos no saben mentir aun cuando sus ojos hayan sido testigos de dolor y desesperanza. ¡Escuchémosles! Entre los niños todo es transparente. No hay diferencias ideológicas ni prejuicios, situaciones que los adultos manejamos sin dificultad.
Es aquí donde me pregunto en qué parte del camino perdimos la claridad y perspectiva de nuestros ideales. ¿Será que extraviamos en algún callejón de nuestra vida aquella gracia y la transformamos en morbo y malicia en injusticia y vanalidad? Recuperemos esa fortuna a través de nuestros niños.
Dejemos que su voz se alce y exprese lo que estamos haciendo por el mundo, a dónde lo estamos dirigiendo y cómo podemos cambiar. A todos aquellos padres deseosos de forjar hombres y mujeres de esencia inquebrantable les insto a darles esa participación a sus hijos. No dejemos de aprender de ellos, pues son virtuosos maestros que nunca ocultarán la verdad.