¡En busca de un candidato!
Panamá es un pueblo que necesita no solo de una sino de muchas utopías. Por ello, se pudiera decir que el ciudadano panameño --el hombre de la calle-- es tan viejo como el sufragio universal. Le ha tocado trillar todas las vicisitudes y experiencias de este proceso, y, sin grandes meditaciones, ha llegado a formarse, cuando no ideas, al menos de ciertos instintos políticos. Así, empieza a sospechar que no solamente este o aquel partido, sino la política entera, está montada en un tono de grandilocuencia y de megalomanía que fatalmente la desvía y pervierte.
Es curioso y notorio observar que, a solo nueve meses de gestión del actual gobierno, con una considerable agenda de trabajo en ejecución y todavía por realizar, ya se mencionan nombres de ciudadanos que pudieran ser los abanderados de los partidos políticos vigentes, como posibles candidatos a la Presidencia de la República en 2014. El ciudadano común y corriente, claro está, no aspira a ser elegido. Se contentaría con ser un elector que encuentra un candidato de su gusto. Quizá por ello ha encendido la lámpara de Diógenes, y anda por ahí buscando, prematuramente, un candidato a la Presidencia de la República entre los hombres y un nombre entre los presuntos candidatos.
La política en Panamá, no ha podido, y al parecer no puede organizar la amistad entre los panameños, ni la lealtad mutua, ni el amor, ni la recreación sana. Pero permítasenos hacer un paréntesis para ilustrar mejor la cuestión. En el mundo antiguo la política intentó, con grave fracaso, algo de esto: en Esparta, por ejemplo, instituyó la legión sagrada que sancionaba la fidelidad de los amigos; en Roma se ocupó de dar placer al pueblo haciendo de los juegos circenses una institución del Estado. Pero todo esto nos informa, ciertamente, que la política es solo una tangente que apenas roza un punto de esa nuestra viva realidad.
Todas estas cuestiones presupone oscuramente el ciudadano panameño, y por eso desconfía de todos los que aspiran a ser candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República; a diputados y alcaldes, que le invitan a apasionarse y falsamente le garantizan la solución de sus problemas económicos y sociales; para decirlo en una palabra, ¡le prometen la felicidad! Pero, una vez en función de gobierno, deviene la frustración y decepción generalizada. En la búsqueda seria y responsable de un buen candidato, solo la ciudadanía panameña dispone de los medios y del mejor camino para encontrarlo.
Mientras tanto, el papel que le corresponde desempeñar al pueblo es el de constituirse en supervisor soberano de la gestión oficial, para garantizar el cumplimiento de los programas económicos y sociales que ejecuta el Gobierno, en atención a los requerimientos del bien común.