En defensa del Centro Bancario
En particular nosotros preferimos decantarlos, confrontarlos con la realidad presente y del pasado reciente, con miras a buscar soluciones o alternativas que nos permitan como país, conservar y si es posible fortalecer, uno de los puntales de nuestra economía de servicios.
Partimos en consecuencia de hechos notorios, tales como que el auge explosivo de los años 70 e inicios del 80 terminaron, quizás para siempre. A partir de 1987, el Centro ha venido sufriendo una gradual contracción que tiene diversas manifestaciones. El cierre bancario de 1988 marcó como un hito una especie de antes y después; pero la verdad es que cuando sobrevino, como producto de la lucha contra la dictadura militar, el centro bancario ya acusaba cierto grado de agotamiento, más que nada por la fiera competencia de sus similares de Miami, el Caribe y Uruguay.
¿Influyó acaso el cambio de política internacional frente al lavado de dinero? Es posible que sí pero, en cualquier caso afectó a todos los centros bancarios del planeta y no sólo al nuestro, aunque quizás no a todos por igual. ¿En qué grado y cómo influyó en la contracción del nuestro? Es imposible saberlo, aunque la respuesta no altera nuestro análisis.
El centro bancario panameño ha dado recientemente unos pasos de gigante para ponerse al día con respecto a otros de los más importantes del mundo. Pero lo hizo con sustancial retraso y todavía le falta para ponerse totalmente al día. Se adhirió a la Convención de Basilea, que impone normas rigurosas de transparencia y supervisión. Mas no acaba de asimilarlas cuando ya está a las puertas de reglamentaciones aún más severas, bajo el nombre de Basilea 2. Es un proceso duro que favorece a los bancos más fuertes y propicia las fusiones.
Es cierto también que varios de los bancos más grandes se han ido. Perdimos al inicio del proceso al Bank of America; y más recientemente se han marchado el Chase Manhattan Bank, el UBS de Suiza y el ABN Amrobank de Holanda. Pero nos quedan varios muy fuertes y siempre es posible atraer a otros, mejorando las condiciones de competitividad.
Un detalle que debemos atender con urgencia es el hecho de que existan países como México, Brasil y Argentina, que impongan sobrecargas tributarias de entre 30% y 40% a las operaciones financieras con bancos panameños, forzando a que se descarten los nuestros y se favorezca a instituciones de otras plazas. Ese detalle fue suministrado por Celestine Cuq, secretario de la Asociación Bancaria de Panamá. Con semejante situación, es milagroso que no hayamos perdido más bancos y que el Centro no se haya contraído más, si fuere el caso.
Se impone que el gobierno panameño y las asociaciones de bancos coadyuven esfuerzos para solucionar este problema, con el mismo entusiasmo como cuando enfrentó el problema de las listas negras por el lavado de dinero del GAFI, del OCDE y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Partimos en consecuencia de hechos notorios, tales como que el auge explosivo de los años 70 e inicios del 80 terminaron, quizás para siempre. A partir de 1987, el Centro ha venido sufriendo una gradual contracción que tiene diversas manifestaciones. El cierre bancario de 1988 marcó como un hito una especie de antes y después; pero la verdad es que cuando sobrevino, como producto de la lucha contra la dictadura militar, el centro bancario ya acusaba cierto grado de agotamiento, más que nada por la fiera competencia de sus similares de Miami, el Caribe y Uruguay.
¿Influyó acaso el cambio de política internacional frente al lavado de dinero? Es posible que sí pero, en cualquier caso afectó a todos los centros bancarios del planeta y no sólo al nuestro, aunque quizás no a todos por igual. ¿En qué grado y cómo influyó en la contracción del nuestro? Es imposible saberlo, aunque la respuesta no altera nuestro análisis.
El centro bancario panameño ha dado recientemente unos pasos de gigante para ponerse al día con respecto a otros de los más importantes del mundo. Pero lo hizo con sustancial retraso y todavía le falta para ponerse totalmente al día. Se adhirió a la Convención de Basilea, que impone normas rigurosas de transparencia y supervisión. Mas no acaba de asimilarlas cuando ya está a las puertas de reglamentaciones aún más severas, bajo el nombre de Basilea 2. Es un proceso duro que favorece a los bancos más fuertes y propicia las fusiones.
Es cierto también que varios de los bancos más grandes se han ido. Perdimos al inicio del proceso al Bank of America; y más recientemente se han marchado el Chase Manhattan Bank, el UBS de Suiza y el ABN Amrobank de Holanda. Pero nos quedan varios muy fuertes y siempre es posible atraer a otros, mejorando las condiciones de competitividad.
Un detalle que debemos atender con urgencia es el hecho de que existan países como México, Brasil y Argentina, que impongan sobrecargas tributarias de entre 30% y 40% a las operaciones financieras con bancos panameños, forzando a que se descarten los nuestros y se favorezca a instituciones de otras plazas. Ese detalle fue suministrado por Celestine Cuq, secretario de la Asociación Bancaria de Panamá. Con semejante situación, es milagroso que no hayamos perdido más bancos y que el Centro no se haya contraído más, si fuere el caso.
Se impone que el gobierno panameño y las asociaciones de bancos coadyuven esfuerzos para solucionar este problema, con el mismo entusiasmo como cuando enfrentó el problema de las listas negras por el lavado de dinero del GAFI, del OCDE y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.