En defensa del idioma
En más de una ocasión nos hemos referido al error consistente en repetir palabras que jamás oímos mencionar, pero las usamos si la escuchamos de parte de alguien en quien se supone un buen nivel de educación.
Por mucho que confiemos en la cultura de una persona, en el caso de que oigamos usar una palabra desconocida para nosotros, lo adecuado es referirse a un diccionario para establecer dos cosas: una, si existe, y en caso de existir, si se la usó correctamente. Tal es el caso, y lo repetimos hasta el cansancio, de la palabra "empleomanía". Ella existe, pero se la usa incorrectamente como creación de empleo. Ella es aplicable, única y exclusivamente, a los ciudadanos que se afanan en lograr empleos remunerados en la burocracia.
Ahora tenemos la muletilla de "resocializar" para significar la rehabilitación de una persona. Error garrafal. La palabra resocializar induce a pensar que rehabilitamos a un delincuente para convertirlo en persona no delincuente, pero ella no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que es la guía más autorizada para el mundo hispano parlante.
En consecuencia, es hora ya de que consultemos los diccionarios y dejemos de seguir teniéndolos como maestros durmientes.
Por mucho que confiemos en la cultura de una persona, en el caso de que oigamos usar una palabra desconocida para nosotros, lo adecuado es referirse a un diccionario para establecer dos cosas: una, si existe, y en caso de existir, si se la usó correctamente. Tal es el caso, y lo repetimos hasta el cansancio, de la palabra "empleomanía". Ella existe, pero se la usa incorrectamente como creación de empleo. Ella es aplicable, única y exclusivamente, a los ciudadanos que se afanan en lograr empleos remunerados en la burocracia.
Ahora tenemos la muletilla de "resocializar" para significar la rehabilitación de una persona. Error garrafal. La palabra resocializar induce a pensar que rehabilitamos a un delincuente para convertirlo en persona no delincuente, pero ella no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que es la guía más autorizada para el mundo hispano parlante.
En consecuencia, es hora ya de que consultemos los diccionarios y dejemos de seguir teniéndolos como maestros durmientes.