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En el Día Internacional de la Mujer


Panamá ha dado importantes pasos hacia delante en materia de igualdad de la mujer. La creación el año pasado de un ministerio especialmente dedicado a esa problemática, es ilustrativo de ese avance. Más recientemente, la ley 4 de 29 de febrero pasado, plasmó una serie de principios tales como la igualdad de oportunidades, la prohibición del maltrato y la discriminación.
También se cita como logro, el que la legislación electoral reserve a las mujeres un mínimo de 30% de los cargos de elección. De este punto hemos discrepado anteriormente en esta columna, por considerar que las mujeres no precisan de ese tipo de ayuda, ajena a su propia capacidad y potencialidades.
De hecho, las mujeres han ocupado el 15% de las candidaturas de las elecciones de mayo próximo, y no precisamente por obediencia a la Ley, sino por exigencia de la realidad política, que impone la necesidad de dar a la mujer una mayor participación, si es que de captar votos se trata.
Existen sin embargo muchas deficiencias. El Estado no es capaz de asegurar el cumplimiento de los derechos más elementales. Así por ejemplo, la inmensa mayoría de mujeres afectadas, no encuentra despacho oficial alguno que atienda efectivamente sus reclamos sobre maltratos e incumplimiento de pensiones. Del mismo modo, no se da seguimiento a los problemas de la mendicidad infantil, ni al cumplimiento de la obligación de educar a los hijos, ni a las inhumanas jornadas a pié en los almacenes.
Por otra parte, persisten situaciones de trato laboral discriminatorio, aunque decreciente pues, en a medida que más mujeres se educan mejor, por su propio esfuerzo y méritos, van escalando hacia altos mandos empresariales, por necesidad del mercado no por imposición legal.
Pero la mujer tiene también las realidades adversas provenientes de su propio género, contra las que ha de luchar más fuerte. Nos referimos a la extraña circunstancia de encontrar en sus congéneres los mayores tropiezos, a lo cual se han referido algunas voces propias.
Siendo la mujer protagonista de la educación de sus hijos, ella tiene en sus manos el más efectivo instrumento para acabar con el sexismo cuya extinción promueve. ¿Por qué no comenzar con sus propios hijos varones?

101 años de Panamá América

 
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