En el Día Internacional de la Mujer
La conciencia de las mujeres al servicio de la justicia panameña está viva, alerta, y reclama el celoso ejercicio de la ética y la probidad procesal.
En nuestra vocación de ser parte de la encomiable empresa de dar a cada uno según el derecho que ha probado le corresponde, nos acercamos a la consolidación de los pilares que constituyen vivir en un Estado de Derecho, en el que todos y todas somos, distintos en el género, pero iguales en la humanidad que nos caracteriza y separa de los animales y las cosas.
Hoy más que nunca, vencido el estereotipo del sexo débil, la mujer ha logrado su espacio en los tribunales, contribuyendo así a la tan anhelada cristalización de lograr una justicia transparente, revestida de los valores connaturales de su esencia que la distinguen porque desarrolla su trabajo con sensibilidad social y nobleza de corazón, esforzándose en cada caso para rendir tributo a la verdad que intuye y persigue, justificada en la más estricta lectura de la prueba.
La comunidad de mujeres en el Ministerio Público asciende a 1,140, de las cuales 91 ocupan posiciones de liderazgo por haber demostrado a lo largo de sus años de servicio, la disposición de motivar en las nuevas generaciones, el fiel cumplimiento de los deberes constitucionales y legales que hemos adquirido, en un nutrido intercambio de enseñanza-aprendizaje.
Como Procuradora General de la Nación, me dirijo especialmente a nuestras jóvenes mujeres, reconociendo y celebrando sus avances en la lucha contra la desigualdad en las relaciones de poder, destacándose como mayoría en las aulas de clases rurales y urbanas. Es innegable, que su empeño por educarse ha legitimado sus reclamos y la ha elevado en el discurso por sus derechos, a pesar de que aun soporta los rigores de las múltiples formas de violencia, en algunos casos, con el lamentable desenlace de su muerte, que destacamos, no hemos dejado quedar impune en los más de cuarenta procesos, que por femicidios, han adelantado los Fiscales Superiores a nivel nacional durante nuestra administración.
El escenario ha cambiado y es así como vemos a la mujer posicionándose vertiginosamente, anuente a concurrir a los espacios de diálogo en el que los sexos dejan de repudiarse para reconocerse pares necesarios, con poder de entregarse al milagro de repetir la vida invadidos por un sentimiento todavía invencible: el amor.
En su momento, Juan Pablo II, dijo: "Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y entendimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del -misterio- a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.
Haciendo nuestras estas palabras, deseo que tengamos fe en nuestro presente y futuro, con alegría, el que también va dirigido a los hombres que nos acompañan en nuestras vidas, porque sin lugar a dudas, la fecha lo impone y lo merecemos.