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En el país de los ciegos


TODAS LAS FICHAS en el panorama internacional, especialmente en la región, se están acomodando a nuestro favor y nos abren la posibilidad de convertirnos en el mejor destino para el inversionista extranjero.
Tenemos ahora más que nunca una gran responsabilidad con el futuro de esta patria y de nuestros hijos; no podemos fallarles pasando, por desidia o conformismo, semejante oportunidad. Sólo tenemos que jugar bien esas fichas que el destino nos están ofreciendo y seremos, sin duda, la estrella del patio en la próxima década.
El panorama, por lo que ha estado aconteciendo en el entorno, no puede ser más favorable para nosotros. Lo acontecido en los comicios en México es patético y será muy difícil que ese gigante regional se recupere del daño que le están haciendo sus políticos. Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina se han abocado a ensayar sistemas de gobierno populistas que en teoría podrían ser aceptables, pero en la práctica han fracasado una y otra vez. Costa Rica el otra hora ejemplo de apertura comercial está perdiendo competitividad, manteniendo esquemas de empresas estatales y cerrando sus servicios financieros; Colombia, al otro lado, continúa sin poder resolver su lucha intestina entre la droga y la guerrilla.
Panamá, en cambio, está viviendo un auge provocado por las enormes inversiones que extranjeros están haciendo principalmente en los sectores industriales, financieros y de construcción. Muy pronto vendrá la expansión del Canal, que derramará en la economía muchos cientos de millones en el próximo quinquenio, y el turismo que ha venido aumentando considerablemente desde el 2002.
El mayor atractivo para cualquier inversionista son los "Hot Spots", o sea los lugares calientes, donde todo el mundo quiere especular, ir de compras o visitar, no importa lo lejos o costoso. Si es el punto de atracción del momento, Don Dinero cambia y resuelve todo, hace de pantanos canchas de golf y de riscos inalcanzables, bellos puntos de observación. Así vemos que allá donde uno, potreros se venden por metro cuadrado a precios de ciudad y acá, en la metrópoli, propiedades en áreas decaídas que alcanzan valores de las grandes urbes en los Estados Unidos.
No me queda la menor duda de que si actuamos con un poco de amor a la patria y al prójimo, y no sólo por intereses personales o partidistas, podríamos convertir esta coyuntura en una gran oportunidad para resolver la gran inequidad que existe en este país.
Cuando los negocios andan bien nos colvidamos de las épocas de vacas flacas y de tantas cosas que nos hemos quejado en el pasado. Si no compartimos ahora la bonanza, solamente haremos más grande la brecha; y cuando las cosas regresen donde tienen que regresar y el globo termine de inflarse y comience a achicarse, lo que no resolvimos en las buenas difícilmente lo vamos a poder resolver en la mala.
Sé que es muy fácil decir lo que hay que hacer, pero existe suficiente material en los planes de desarrollo social ya diseñados para comenzar a implementar los cambios necesarios. Lo que falta es la voluntad política del gobierno y que todos los sectores de la sociedad metamos el hombro en cada proyecto, apoyemos con nuestro aporte positivo y, de ser necesario, dar algo de lo que nos sobra para que los demás tengan también su espacio en el progreso del país. Así veremos que en pocos años las cosas irán cambiando positivamente.
El auge panameño no es producto de que ahora estamos haciendo las cosas bien, sino que dentro del complicado entorno regional somos, en este momento, los menos enredados; no seamos ilusos y aprovechemos la oportunidad para que este progreso sea sostenible en el tiempo y no sencillamente nos alegremos por ser "el tuerto en el país de los ciegos".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América