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En el ranking mundial de la tecnología


Claro que es una buena noticia, sobre todo por el avance que supone, pero de ninguna manera puede identificarse como expresión acabada de lo que necesita el país. Falta más.
Es una ponderación, no un subrayado pesimista ni destinado a minimizar lo que tiene de positivo esta distinción. Pero mirar hacia adentro, hacia nuestro maltrecho sistema educativo o hacia sectores atrasados de nuestra industria, revela ese logro como una necesaria renovación de compromisos.
Decir que el país ha subido en el ranking mundial del uso de tecnología de punta, equivale a valorar a quienes, empeñados en impulsar el desarrollo nacional, han creído en su progreso y en que los riesgos bien valen la pena.
Pero a esa vocación de fe debe sumarse el incremento de esfuerzos oficiales, que bien se ven desde las carteras a cargo, pero que no les corresponde a ellos únicamente. Es decir, alcanzar metas como las que comentamos no es solo responsabilidad del Ministerio de Educación o de empresarios emprendedores que creen en los instantes que está viviendo el país. Es una tarea de toda la sociedad, de aquellos que deben modernizar sus industrias, y de los que forjándose en las aulas de clases, tienen la misión de prepararse para jornadas cualitativamente superiores.
Es una nueva experiencia que, por ejemplo, nos recuerda como en su momento la Editora Panamá América fue la primera en incorporar al mercado local la impresión en offset, el famoso sistema de la impresión en frío, convirtiendo al país en un centro regional al que vinieron a aprender, periodistas e impresores de distintos países. Fuimos el segundo país latinoamericano que lo tuvo. En aquellos momentos, presas del pánico porque suponían que quedarían sin empleo, los tipógrafos se opusieron, pero luego comprendieron y con ello el país, que esos cambios, como hoy, nos ponen en sitiales especiales.
No basta con ser el centro geográfico del continente, o paso obligado del mundo, debemos avanzar hacia ese centro cultural y comercial del que en su momento nos habló, tan visionariamente, el padre de nuestra nacionalidad: Don Justo Arosemena.

101 años de Panamá América

 
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