En El Tecal: no hay servicios públicos
Los residentes de la comunidad de El Tecal, en el corregimiento de Alcalde Díaz, carecen de todos los servicios básicos: electricidad, agua potable, carreteras, centro de salud y teléfono.
Pero a pesar de la carencia de servicios, los moradores dicen que viven felices porque tienen trabajo.
Y es que en este pequeño caserío habitan unas siete familias que en su mayoría se dedican a cuidar y darle mantenimiento a fincas privadas.
También viven algunas familias en lotes servidos a través del Ministerio de Vivienda. Muchos habitantes son indígenas de la etnia Embera, que han emigrado hasta estos sectores de la provincia de Panamá.
El ambiente y el paisaje de El Tecal es similar al de la campiña interiorana a pesar de que la comunidad está ubicada a escasos minutos de la capital.
Su nombre se debe al cultivo y siembra del árbol Teca por el área. La comunidad es una reserva forestal.
Se cría el ganado, la oveja, puerco, caballos y además encontramos una finca que tiene 35 especies de gallinas.
Hay variedad de frutas como naranjas, mandarinas, arboles de mangos, también hay cañas, sembradíos de maíz y arroz.
Para llegar a El Tecal hay que tomar la vía Transístmica, entrar por Las Cumbres, desviarse a la derecha después de El Chungal, y tomar un extenso camino de penetración de más de 5 kilómetros.
Arturo Soto, de 32 años, cuida una finca, lo que le permite obtener sustento para mantener a su esposa y dos hijos.
Soto contó que lo peor es el camino de penetración ya que en el invierno se convierte en una vía intransitable.
Además denunció que carecen de transporte público por lo que tienen que caminar por una hora para llegar a La Cabima, centro urbano más cercano.
Destacó que cada quince días viajan a La Cabima a comprar víveres y llegar a un teléfono público donde comunicarse con los suyos.
Indicó que tampoco cuentan con agua potable por lo que toman el vital líquido del río María Prieta, que recorre la comunidad.
La comunidad es casi desconocida por pobladores del corregimiento y más aún olvidada por los políticos.
Soto es oriundo de la costa arriba de Colón y al igual que él muchos vienen desde el interior del país con sus familias en búsqueda de un medio de sustento económico como lo es el cuidado de fincas privadas.
Reconoció que a pesar de las necesidades, los pobladores viven con esperanza porque cuentan con un trabajo.
Pero a pesar de la carencia de servicios, los moradores dicen que viven felices porque tienen trabajo.
Y es que en este pequeño caserío habitan unas siete familias que en su mayoría se dedican a cuidar y darle mantenimiento a fincas privadas.
También viven algunas familias en lotes servidos a través del Ministerio de Vivienda. Muchos habitantes son indígenas de la etnia Embera, que han emigrado hasta estos sectores de la provincia de Panamá.
El ambiente y el paisaje de El Tecal es similar al de la campiña interiorana a pesar de que la comunidad está ubicada a escasos minutos de la capital.
Su nombre se debe al cultivo y siembra del árbol Teca por el área. La comunidad es una reserva forestal.
Se cría el ganado, la oveja, puerco, caballos y además encontramos una finca que tiene 35 especies de gallinas.
Hay variedad de frutas como naranjas, mandarinas, arboles de mangos, también hay cañas, sembradíos de maíz y arroz.
Para llegar a El Tecal hay que tomar la vía Transístmica, entrar por Las Cumbres, desviarse a la derecha después de El Chungal, y tomar un extenso camino de penetración de más de 5 kilómetros.
Arturo Soto, de 32 años, cuida una finca, lo que le permite obtener sustento para mantener a su esposa y dos hijos.
Soto contó que lo peor es el camino de penetración ya que en el invierno se convierte en una vía intransitable.
Además denunció que carecen de transporte público por lo que tienen que caminar por una hora para llegar a La Cabima, centro urbano más cercano.
Destacó que cada quince días viajan a La Cabima a comprar víveres y llegar a un teléfono público donde comunicarse con los suyos.
Indicó que tampoco cuentan con agua potable por lo que toman el vital líquido del río María Prieta, que recorre la comunidad.
La comunidad es casi desconocida por pobladores del corregimiento y más aún olvidada por los políticos.
Soto es oriundo de la costa arriba de Colón y al igual que él muchos vienen desde el interior del país con sus familias en búsqueda de un medio de sustento económico como lo es el cuidado de fincas privadas.
Reconoció que a pesar de las necesidades, los pobladores viven con esperanza porque cuentan con un trabajo.