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¿En el umbral de la guerra otra vez?


Mientras el presidente norteamericano, George Bush advertía ante las Naciones Unidas, que su país podría actuar unilateralmente contra Irak, a quien acusa de apoyar el terrorismo y acumular armas de destrucción masiva, el mandatario iraquí, Sadam Hussein, se daba el lujo de responder que sólo permitiría la inspección internacional de su armamento, si se levantaban las sanciones económicas internacionales que aquejan a su país.
De ese modo, el mundo se halla una vez más en el umbral de la guerra. ¿Se justifica esa acción? Depende. Si de la certeza de la existencia de las armas que se imputa dependiera, todo parece indicar que no. Si del peligro que representa Irak en el contexto de la actual guerra contra en terrorismo fuera, la respuesta es sí. ¿Vale la pena el costo a cambio? Nadie está seguro de eso. ¿Cuál es el riesgo?
Irak no es Afganistán. Es un país inmenso, enclavado en el centro estratégico del corazón petrolero del planeta. Afganistán, por el contrario, es una pequeña nación situada en un insignificante rincón del mundo, salvo por sus potenciales existencias de oro negro y su situación de tránsito de reservas de gas natural de las ex repúblicas soviéticas y Rusia por el Norte. Por eso, la guerra en Afganistán no tuvo mayor repercusión en el resto de la economía mundial, como sí lo tendría una conflagración contra Irak.
¿Qué se afectaría? Para empezar, los precios del petróleo se dispararían por el tiempo que dure el conflicto. ¿Cuánto durará? Según expertos europeos, puede tardar meses doblegar a Irak y, lo peor, aun derrotándolo, como seguramente se hará, la paz no necesariamente retornará. Puede exacerbarse el terrorismo y el radicalismo árabe en el mundo y, particularmente - repetimos - en el centro que provee la mayor parte del petróleo del mundo industrializado. También puede balcanizarse el país, convirtiéndolo en polvorín de contínuas guerras internas fáciles de extender a los ricos y vulnerables países petroleros vecinos.
¿Alguna ventaja? Puede que se elimine al régimen dictatorial iraquí y se suprima el peligro que representa como foco de promoción terrorista y de posible fabricación de armas de destrucción masiva. También es posible que por unos meses la economía norteamericana gane algo de la adrenallina que necesita para que su bolsa se recupere. Pero no es un estímulo que pueda sostenerla largamente. Lo mejor es que Irak acepte la inspección incondicional de la ONU y que, en etapa ulterior, se levante el embargo que aplasta a su pueblo a cambio de que se democratice y salga Sadam Hussein del poder.
Mariano Nuñez aseguró que en esos despachos se cumple con el debido proceso y rechazó la tesis de que hay que eliminarlos. Manifestó que si se cierran los juzgados nocturnos se saturarían las corregidurías, lo que ocasionaría la interrupción de la justicia en horas nocturnas en Panamá.
Indicó que los juzgados municipales y las corregidurías tendrían más expedientes de los que actualmente ventilan y eso es peligroso para la administración de la justicia en el país.
De acuerdo con Núñez, en su caso particular se basa en lo que dicta el Código Administrativo. Argumentó que, cuando se hace necesario, ordena la práctica de pruebas a pesar de que los procesos administrativos de corrección son sumarios que en su mayoría se resuelven en audiencias.
Nuñez indicó que las condiciones de trabajo no son las mejores para los jueces y funcionarios, ya que carecen de la tecnología necesaria para atender rápidamente al público y llevar a cabo un trabajo de mayor satisfacción para la ciudadanía.
Los juzgados nocturnos nacieron casi con la república, pero pareciera que se quedaron con la tecnología que existía en esa época. Máquinas de escribir viejas, ausencia de teléfonos para los ciudadanos, filtraciones de agua, baños dañados, hacinamiento y calor sofocante es lo que se vive en los juzgados nocturnos de San Felipe y San Miguelito. Chatarras de máquinas de escribir se encuentran tiradas por doquier, y las que funcionan ya casi no teclean.
En el de San Miguelito el baño no funciona, no cuenta con una celda preventiva y el aire acondicionado sólo es para el despacho del juez. El hacinamiento ocasiona un calor sofocante y lo más grave es que todos los presentes escuchan los casos que se ventilan en el despacho.
En San Felipe las filtraciones de agua por las paredes ocurren cada vez que llueve. Las oficinas para guardar pruebas, armas y objetos decomisados no son las más apropiadas, por lo que éstos se deterioran rápidamente.
Llegar al juzgado de San Felipe es una trampa de muerte porque el sector es de una alta presencia de delincuentes. Hay dos policías, pero todos están dentro del juzgado.

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