default

En guerra ajena...


De pronto, el martes 11 de febrero los presidentes centroamericanos acudieron a Panamá a reunirse durante hora y media con su colega colombiano, Álvaro Uribe. La cita, convocada durante el fin de semana, se cumplió a los cuatro días del brutal bombazo al aristocrático club El Nogal, en Bogotá, y a los 21 de la masacre cometida contra dos aldeas indígenas panameñas. Nadie se ha atribuido el bombazo, del cual el gobierno colombiano acusa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Por su parte, las víctimas panameñas atestiguan que la masacre fue ejecutada por paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Sin embargo, la Declaración que los mandatarios suscribieron sólo nombra explícitamente al terrorismo de las FARC. Aunque a vuelapluma reconoce que también hubo una matanza en suelo panameño, ésta vagamente se atribuye a la acción de "irregulares" sin identidad. Ello basta para sospechar que la autoría del documento no se debió a funcionarios del país anfitrión, y también para asegurar que éstos tampoco se distinguieron en el debate, si es que lo hubo: la Declaración de Panamá da un amplio espaldarazo a la política del presidente Uribe, pero nada ofrece en defensa a las poblaciones panameñas ante las incursiones que cruzan la frontera.
Lo propio se reflejó en las contradicciones en que los presidentes incurrieron al arribar: unos decían venir por invitación de la Señora Moscoso, de Panamá, otros que a pedido del señor Uribe. En cualquier caso, la víspera de la cita ningún funcionario de la Cancillería local estuvo en condiciones de informar del asunto y el propio Canciller, interceptado por los reporteros, apenas balbuceó que el evento se efectuaría porque la Presidenta decidió convocarlo y que trataría sobre el terrorismo, en alusión al bombazo y no a la matanza.
Al respecto, "El Pulso de Panamá" de El Panamá América, el siguiente día, empezó preguntándose: "¿A quién correspondió la iniciativa de convocar la reunión presidencial? El Tiempo de Bogotá y CNN aseguran que Álvaro Uribe [...] Apologistas oficiosos de Mireya Moscoso recalcaron que a ella. ¿No se habrá cocinado la reunión en Estados Unidos?"
El periódico no aventuró sugerir si el orquestador fue el Departamento de Estado o el Comando Sur, de mayor protagonismo en el Plan Colombia. Para CNN, la Presidenta apenas asistió como anfitriona, tal como en la Cumbre Iberoamericana celebrada en nuestro país. A la postre, no fue la Cancillería quien intentó develar el misterio, sino el Director de la Policía Nacional, diciéndole a Radio Caracol que la Presidenta invitó a sus colegas porque Uribe se lo pidió por teléfono. ¿Quién aseguró la veloz respuesta de los invitados? De seguro que no fueron los embajadores panameños...
222 Uribe escaló otro peldaño de su esfuerzo por internacionalizar la guerra civil colombiana.
Frivolidades aparte, esta repentina y fugaz reunión deja saldos preocupantes. En buena lógica, de ser panameña la iniciativa, hubiera tocado convocar a los países vecinos de Colombia -más que a los centroamericanos-, para darnos un poderoso respaldo común orientado a la paz. Pero esas naciones son política y diplomáticamente más fuertes y no se hubieran dejado uncir pasivamente a un carro ajeno. En cambio, para el proyecto oficial bogotano era preferible orquestar al frágil coro centroamericano, en el antiguo Departamento de Panamá, por diligencia de nuestras autoridades.
Evocando las resoluciones antiterroristas del Consejo de Seguridad de la ONU y las de la OEA, Uribe escaló otro peldaño de su esfuerzo por internacionalizar la guerra civil colombiana.
En Quito y Davos pidió trasladar a Colombia el esfuerzo militar amasado para invadir a Irak, alegando que una fuerza multinacional para derrotar el "narcoterrorismo" es indispensable para preservar la Amazonia. Ahora involucró a Panamá y a los gobiernos centroamericanos.
Allí mismo, Uribe anunció que su próximo paso será obtener un acuerdo similar en el Consejo Permanente de la OEA, el siguiente escalón para lograrlo con todo el sistema interamericano.
De esa forma, sin nada a cambio, Panamá arrojó por la borda su tradicional neutralidad, antes concebida para gestionar concertaciones pacificadoras -como la de Contadora-, y pasó a cobijarse bajo el paraguas de la guerra. El de una guerra que no es suya, ni centroamericana.
Este texto subraya la democracia representativa y el pluralismo como características de una sociedad libre y abierta, en la que se respeten plenamente los derechos individuales, de manera que se evite toda persecución y que se trabaje por un progreso con justicia social. Por lo demás, se expresa una preocupación por posibles "involuciones que conducen al autoritarismo" y por la necesidad de defender las instituciones democráticas sin "soluciones de fuerza".
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América