En guerra avisada...
El gobierno de los Estados Unidos de América ha promovido demanda contra las empresas tabacaleras del país por la suma de 280 mil millones de dólares.
El hecho y base de la acción consiste en haber ellas engañado al pueblo durante cincuenta años, ocultándole lo nocivo que es fumar. Se intenta con ello indemnizar a los familiares de fumadores que contrajeron enfermedades terminales a causa del tabaco y por ello murieron.
En aquel espejo debieran de mirarse en nuestro país muchas casas de comercio, empresas de transporte y todos los que en una forma u otra, inmisericordemente atormentan a nuestro pueblo.
De nada han valido las recomendaciones de los médicos y de todos aquellos que han expresado sus protestas por el diario bombardeo que por todas partes se le hace a nuestros oídos. Está demostrado que el ruido excesivo causa desasosiego, dolor de cabeza, altera los nervios, afecta el corazón, conduce, irremediablemente, a la sordera.
Consideramos que ya es hora de que nuestras autoridades despierten de su letargo y protejan a una población desamparada cuyas demandas de clemencia no se escuchan.
Los altísimos volúmenes de los aparatos transmisores del habla y de una música que en la mayoría de los casos no es más que bullicio, nos afectan donde quiera que vayamos.
En cuanto a los almacenes, estimamos que les puede llegar una lluvia de demandas que serán presentadas por sus propios empleados, quienes reclamarán que se les indemnice por haberlos convertido en sordos. Las sumas serán elevadas y no pocos podrían ir a la quiebra.
En cuanto a los transportes, primordialmente los llamados "Diablos Rojos" corren el peligro de que las autoridades con el mismo patrón con que se procede contra los narcotraficantes, que se les decomisa el material, el medio de transporte y se detiene a las personas que manejan y sus acompañantes y, en consecuencia podrían ocurrir que detuvieran un autobús, lo decomisaran con sus troneras y arrestaran al conductor con sus ayudantes bajo el cargo de atentar contra la salud pública.
No deseamos que esto ocurra. Nos limitamos a señalar que puede ocurrir.
El hecho y base de la acción consiste en haber ellas engañado al pueblo durante cincuenta años, ocultándole lo nocivo que es fumar. Se intenta con ello indemnizar a los familiares de fumadores que contrajeron enfermedades terminales a causa del tabaco y por ello murieron.
En aquel espejo debieran de mirarse en nuestro país muchas casas de comercio, empresas de transporte y todos los que en una forma u otra, inmisericordemente atormentan a nuestro pueblo.
De nada han valido las recomendaciones de los médicos y de todos aquellos que han expresado sus protestas por el diario bombardeo que por todas partes se le hace a nuestros oídos. Está demostrado que el ruido excesivo causa desasosiego, dolor de cabeza, altera los nervios, afecta el corazón, conduce, irremediablemente, a la sordera.
Consideramos que ya es hora de que nuestras autoridades despierten de su letargo y protejan a una población desamparada cuyas demandas de clemencia no se escuchan.
Los altísimos volúmenes de los aparatos transmisores del habla y de una música que en la mayoría de los casos no es más que bullicio, nos afectan donde quiera que vayamos.
En cuanto a los almacenes, estimamos que les puede llegar una lluvia de demandas que serán presentadas por sus propios empleados, quienes reclamarán que se les indemnice por haberlos convertido en sordos. Las sumas serán elevadas y no pocos podrían ir a la quiebra.
En cuanto a los transportes, primordialmente los llamados "Diablos Rojos" corren el peligro de que las autoridades con el mismo patrón con que se procede contra los narcotraficantes, que se les decomisa el material, el medio de transporte y se detiene a las personas que manejan y sus acompañantes y, en consecuencia podrían ocurrir que detuvieran un autobús, lo decomisaran con sus troneras y arrestaran al conductor con sus ayudantes bajo el cargo de atentar contra la salud pública.
No deseamos que esto ocurra. Nos limitamos a señalar que puede ocurrir.