En guerra avisada . . .
Acabamos de regresar de un viaje por Europa y Medio Oriente. En todas partes conocen el problema colombiano, porque en todas partes saben de la importancia de la exportación de coca que se da en Colombia. El negocio millonario que involucra el narcotráfico provee y alcanza todas las esferas de la sociedad mundial y penetra a través del soborno en donde uno menos lo espera. Violentas conciencias, destruye consolidaciones morales y establece reinados de corrupción en donde quiera que intente medrar.
Los sonámbulos de las drogas deambulan por todas partes, nada más hay que poner atención cuando uno camina por calles y avenidas en las grandes capitales para darse cuenta de que ya, desde tempranas horas de la mañana, se encuentran rostros con muestras de cansancio y ojos con las miradas perdidas. La droga ya acompaña al trabajador a su despacho.
También vemos en las calles de las grandes metrópolis lo que en Panamá, los que mendigan en las calles, limpian parabrisas y ofrecen los más triviales servicios con tal de conseguir la mezcla barata y mortal de la droga. Pero el negocio es grande y sirve para todos los propósitos, inclusive, el de querer sojuzgar ciudades y pueblos.
Todo esto lo digo y lo repito una y otra vez, es con el objeto que veamos a tiempo nuestra situación como país limítrofe a una hermana República, que si a tiempo no arreigla el tremendo problema interno que ocasiona la producción de la droga, va a causar una explosión de dimensiones incalculables para su propia sociedad como para las vecinas.
Todo parece indicar de que no se están dando las condiciones reales para terminar este conflicto.
Ahora se exige la posposición de la zona que constituye santuarios de la principal guerrilla. La decisión del gobierno colombiano puede ser el primer detonante que de inicio a una lucha sangrienta.
Si Panamá no está preparada para hacerle frente a la posible erosión de sus fronteras, podemos ser objeto de incursión de las guerrillas en cualquier parte del territorio nacional, hasta en nuestro Canal.
Un consejo superior permanente que dé atención a este problema debería estar trabajando sobre el mismo, porque el asunto es grave y lo amerita. Este Consejo debe de estar integrado por personas conocedoras en materia de seguridad nacional y de nuestras relaciones exteriores, y no de figurones políticos.
Tenemos que contemplar, con la crudeza que exige este problema, el establecimiento de nuevas relaciones bilaterales entre Panamá y Estados Unidos, tanto en materia de defensa nacional como en la socioeconómica.
La deprimente situación económica que vive el país que puede comenzar a hacer crisis tan pronto pasen las festividades de fin de año, nos anuncian momentos críticos que se agravaran a partir del mes de febrero.
Rumores tendenciosos con intermitencias que, se conjugan con realidades, informan que estas posibilidades están a la vista.
Yo creo que hay soluciones y respuestas, algunas temporales, mientras se afincan desarrollos más permanentes que pueden crearse en los próximos 3 meses y que contribuirían a paliar estos daños que pueden hacer crujir los cimientos de Panamá.
Los sonámbulos de las drogas deambulan por todas partes, nada más hay que poner atención cuando uno camina por calles y avenidas en las grandes capitales para darse cuenta de que ya, desde tempranas horas de la mañana, se encuentran rostros con muestras de cansancio y ojos con las miradas perdidas. La droga ya acompaña al trabajador a su despacho.
También vemos en las calles de las grandes metrópolis lo que en Panamá, los que mendigan en las calles, limpian parabrisas y ofrecen los más triviales servicios con tal de conseguir la mezcla barata y mortal de la droga. Pero el negocio es grande y sirve para todos los propósitos, inclusive, el de querer sojuzgar ciudades y pueblos.
Todo esto lo digo y lo repito una y otra vez, es con el objeto que veamos a tiempo nuestra situación como país limítrofe a una hermana República, que si a tiempo no arreigla el tremendo problema interno que ocasiona la producción de la droga, va a causar una explosión de dimensiones incalculables para su propia sociedad como para las vecinas.
Todo parece indicar de que no se están dando las condiciones reales para terminar este conflicto.
Ahora se exige la posposición de la zona que constituye santuarios de la principal guerrilla. La decisión del gobierno colombiano puede ser el primer detonante que de inicio a una lucha sangrienta.
Si Panamá no está preparada para hacerle frente a la posible erosión de sus fronteras, podemos ser objeto de incursión de las guerrillas en cualquier parte del territorio nacional, hasta en nuestro Canal.
Un consejo superior permanente que dé atención a este problema debería estar trabajando sobre el mismo, porque el asunto es grave y lo amerita. Este Consejo debe de estar integrado por personas conocedoras en materia de seguridad nacional y de nuestras relaciones exteriores, y no de figurones políticos.
Tenemos que contemplar, con la crudeza que exige este problema, el establecimiento de nuevas relaciones bilaterales entre Panamá y Estados Unidos, tanto en materia de defensa nacional como en la socioeconómica.
La deprimente situación económica que vive el país que puede comenzar a hacer crisis tan pronto pasen las festividades de fin de año, nos anuncian momentos críticos que se agravaran a partir del mes de febrero.
Rumores tendenciosos con intermitencias que, se conjugan con realidades, informan que estas posibilidades están a la vista.
Yo creo que hay soluciones y respuestas, algunas temporales, mientras se afincan desarrollos más permanentes que pueden crearse en los próximos 3 meses y que contribuirían a paliar estos daños que pueden hacer crujir los cimientos de Panamá.