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En honor a la verdad, mucho cuidado con la educación sexual


El jueves 23 de septiembre pasado publicaron un fascículo llamado Sexualidad Joven; Sexualidad Masculina. No hay
firmas responsables por los desacertados consejos que se da a los adolescentes especialmente en lo que se refiere
a la masturbación y a la homosexualidad.
Deberíamos ser más sensatos cuando nos referimos a nuestros jóvenes, ellos esperan de los adultos la verdad. Si
no lo hacemos, corren el peligro de desviarse y construir una vida llena de equívocos, como lo estamos viendo hoy
en nuestra juventud, tan bombardeada por la llamada "educación sexual" que bien sabemos sólo un fin persigue; el
control de la natalidad, sin medir las consecuencias que pueda causar.
De los adultos depende la formación de los jóvenes. No se puede actuar irresponsablemente, porque en ellos está
la sociedad del futuro. Cuando les sugerimos que la masturbación es una solución viable para satisfacer sus deseos
sexuales, les estamos mintiendo y alejando de una vida saludable. La sexualidad en los seres humanos tiene dos
fines, el don de sí y la procreación. El joven que acostumbra satisfacer sus instintos sexuales en la soledad, no
aprende a donarse, sino a satisfacerse egoístamente. Es posible que cuando comparta su vida matrimonial, sólo busque
la satisfacción sexual en la soledad a la que siempre se acostumbró. Este joven irá al matrimonio a buscar su
propia satisfacción y será muy difícil para él la verdadera entrega, el don de sí. Es muy probable que tenga
problemas serios en su vida matrimonial, porque allí se comparte la donación recíproca de los esposos. ¿Por qué
entonces mentir? Es doloroso pensar que cuando el fin es importante, todo lo demás pierde valor, está justificado.
¿Por qué proponemos a la homosexualidad como una opción de la conducta humana? Como el fin es el control natal y
la unión entre los ho-mosexuales no trae hijos al mundo, parece factible. La homosexualidad es un desorden moral,
como lo es también la práctica de relaciones sadomasoquistas, que necesita ultrajar o ser ultrajado para poder
tener satisfacción sexual; como lo es también la violación carnal, que necesita tomar sexualmente por la fuerza a
sus víctimas; o los pedófilos, que abusan sexualmente de los niños y tantos otros trastornos emocionales que
dentro de poco nos querrán hacer creer que son opcionales.
Si la homosexualidad no es una desviación, ¿Por qué éstos toman hormonas para parecer mujeres? ¿Por qué detestan
tanto su sexo que llegan al grado de operarse para eliminar sus órganos genitales y tratan de imitar conductas que
no son acordes con su anatomía? A todas luces estas actitudes no son propias de una conducta sana. El hombre y la
mujer son sexualmente diferentes pero complementarios, unidos tienen la capacidad para procrear. Toda su
naturaleza humana, está acorde con este fin. Las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son
anatómicamente incompatibles, por más legislaciones que pretendan hacerlas pasar como normal. El homosexual es la
primera víctima de su propia condición, pues es el que más sufre. Desafortunadamente no busca la ayuda que necesita
en los mejores canales que son el amor de Dios, la Iglesia y un buen sicólogo.
No es mintiendo a nuestros jóvenes como podemos ayudarlos, sino diciéndoles la verdad. Una de las cualidades que
diferencian al ser humano de los animales es el uso de la razón, facultad que les permite entender, discernir y
escoger entre lo bueno y lo malo. ¿Por qué no se educa a los jóvenes en la castidad? ¿Porqué no se les anima a
controlarse? ¿Por qué se les califica como animalitos incapaces de discernir lo bueno de lo malo? ¿Por qué no se
les dice la verdad? Nos quieren hacer creer que el descontrol es un camino sin retorno, y ahí está la gran mentira.
Quiero finalmente presentarles un trozo de la carta que el Santo Padre Juan Pablo II dio a los jefes de Estado
del mundo y al Secretario General de las Naciones Unidas con relación a la Conferencia del Cairo en 1994:
"Mirando hacia el año 2000, ¿cómo no pensar en los jóvenes? ¿Qué se les propone? Una sociedad constituida por
"cosas" y no por "personas"; el derecho a hacer todo desde la más tierna edad, sin límite alguno, pero con la
mayor "seguridad" posible. Por otra parte, vemos que la entrega desinteresada de sí, el control de los instintos,
el sentido de la responsabilidad son considerados nociones pertenecientes a otra época. Sería de desear, por
ejemplo, ver que en estas páginas se encontrara una mayor consideración hacia la conciencia y hacia el respeto de
los valores culturales y éticos que inspiren otros modos de concebir la existencia. Es de temer que el día de
mañana estos mismos jóvenes, ya adultos, pidan cuentas a los responsables de hoy por haberles privado de una razón
de vida al no haberles indicado los deberes propios de un ser dotado de corazón y de inteligencia".

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