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En la ignorancia no hay desarrollo


El sistema educativo en Panamá es, tal vez, más antiguo que nuestra República. Digo esto, porque las noticias que leemos en los periódicos son alarmantes y no podemos continuar así. A finales de los años 40 se efectuó una reforma educativa que fusionó al Liceo de Señoritas y al Instituto Nacional trayendo nuevamente la coeducación y retomando las mujeres la importancia que se les había quitado con la educación separada. Al Liceo enviaban profesores de mediana preparación, mientras al Instituto asignaban el mejor cuerpo de profesores. En aquella época, la formación de los educadores era de primera calidad y teníamos maestros muy buenos.
Sin embargo, del año 1968 para acá la educación fue decayendo como es lo normal en los regímenes autoritarios que teníamos con los militares. Ese sistema de gobierno trata de fomentar la ignorancia porque, entre menos saben las personas, menos se oponen al gobierno castrense. Con el cierre de la Universidad, luego la masificación y el desorden político que hubo en el nombramiento de profesores, dimos un paso atrás en la educación superior. Pero, con un presupuesto escuálido y poca atención, también la primaria y la secundaria desmejoraron enormemente.
Fue una lástima que, en 1979, cuando quisieron imponer una reforma educativa, no fuera la más apropiada para los panameños que, aunque estábamos bajo las botas y el poder de las armas, guardábamos un espíritu de libertad y rechazamos esa reforma por tener tendencia izquierdista.
Durante el gobierno de Pérez Balladares, trataron de poner otra reforma que sólo sirvió para quitar a los educadores las conquistas ganadas pues no se vio ningún nuevo programa ni un currículo que indicara esa transformación.
Así hemos ido de tumbo en tumbo. Los profesores universitarios sabemos que los muchachos que vienen de las escuelas secundarias públicas no tienen la preparación para el ingreso a una educación superior. Leía hace unos días que la Universidad Tecnológica ha investigado y descubierto (ahora y por qué no antes) que los estudiantes que hacen exámenes de admisión no saben ni estudiar, pues todo lo memorizan y no existe el análisis que hacíamos en los años 40. Pero, en la Universidad ha privado el criterio de la competencia entre los Rectores a ver quién gradúa más alumnos, vanagloriándose de tener cada vez más ingreso o fin en esa casa superior. No toman en cuenta la calidad de la enseñanza.
Hubo un Diálogo para la Transformación Educativa, productivo y positivo. No fue tomado en cuenta. Así marcha nuestra educación, avergonzante, deprimente, sin esperanza de lograr que se desarrolle con los parámetros de la modernización y con los defectos de una educación obsoleta y falta de interés.
Muchas escuelas privadas han comercializado la educación y hacen negociados con los libros, los uniformes y demás enseres.
El Ministerio de Educación se hace la vista gorda y no sanciona a nadie porque, en cierta forma, esas escuelas privadas le quitan un peso a la pública; permiten una corrupción que va en contra de cualquier enseñanza que pueda darse sobre valores cívicos y morales.
Continuamos con los mismos programas sin incluir materias modernas e indispensables, y seguimos estudiando la historia de Egipto en vez de estudiar Educación Sexual, Educación Vial, Educación Política, Educación para la Paz y muchas otras que pudieran incluirse en el currículo.
Mientras los gobiernos continúen dando la espalda a la educación en Panamá, tendremos estudiantes sin preparación, profesionales mediocres y ciudadanos sin educación, sin cultura, sin una mayoría de panameños que lleve un libro bajo el brazo para instruirse mejor y superarse de manera que sean los verdaderos relevos políticos como estadistas en los gobiernos; las adolescentes no aprenderán cómo no encontrar un embarazo precoz y no deseado; los accidentes automovilísticos aumentarán para tragedia del país. Y las autoridades... bien y usted, cruzadas de brazos en espera de milagros propios de lo imposible.
Sin educación no hay desarrollo y los posibles relevos no tendrán acceso al poder económico, político ni social que seguirán en manos de una élite que ha tenido la oportunidad de superarse sosteniéndose sobre una masa amorfa. Ojalá veamos adelanto en la educación.

101 años de Panamá América

 
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