default

En la playa del desencanto


Dos paradigmas, el de la historia que se repite y el que profetizaba una realidad signada por el pasado, vuelven una y otra vez a nacer y morir -como las olas en la playa del desencanto- en el devenir de un mundo signado por la fragilidad de conciencia.

Desde el Renacimiento hasta la Modernidad el pensamiento político estuvo dominado por la concepción maquiavélica del Estado: El principal deber del soberano es ostentar, mantener y ejercer el poder, no importa los medios que utilice. Tal prescripción, inaugura un modo amoral de hacer política, contrario al designio divino de la antigüedad o a la conquista por el genio militar. Este concepto será retomado más tarde por Richelieu bajo la fórmula refinada de la “razón de Estado”. Más tarde Henry Kissinger lo rebautizará como el principio de la “seguridad nacional”. Concepto que en Sudamérica, bajo el Plan Cóndor, produjo más de 30 mil desaparecidos.

Esta dicotomía, entre los objetivos idealistas de libertad, justicia y paz y la visión realista de considerar los intereses de los Estados bajo la “diplomacia del poder”, donde el interés nacional está por encima de los derechos del individuo, manifiesta un contrasentido ético notorio. Para los neoconservadores las razones de Estado y la seguridad nacional son también las razones de Dios (variante de la concepción fundamentalista islámica donde Dios es quien dicta las razones de Estado).

Para el Morgenthau republicano Kissinger, el de la “realpoltik” o del “power policy”, la paz está al servicio del poder y no el poder al servicio de la paz como muy bien lo expresara el presidente demócrata Woodrow Wilson, al hacer realidad el deseo del filósofo británico Jeremy Bentham de una Sociedad de las Naciones precursora de la ONU.

Kissinger alaba la política realista empleada por Teodoro Roosevelt, creador de la Zona del Canal y la política del “gran garrote”, procedimiento empleado con mayor vigor durante el gobierno de Bush-Cheney, con el aderezo de una nueva terminología cínica utilizada para interpretar la tortura como un interrogatorio rudo y la matanza de civiles como daños colaterales en una “guerra preventiva”. Profilaxis política utilizada también por los gobiernos conservadores de Colombia y los golpistas de Honduras.

La madurez o la intuición del pueblo estadounidense ha revertido parcialmente la situación al dejar el gobierno en manos de un presidente de sólida experiencia humana, personal y académica, que procura retornar a los viejos principios idealistas jeffersonianos que iluminaron las dos grandes revoluciones de la modernidad, la americana y la francesa.

Es en la aplicación de los valores éticos donde descansa el verdadero poder de un Estado y la razón de ser de las democracias. Si entendemos por poder lo que Max Weber define como “Toda posibilidad, en una relación social, de imponer la propia voluntad, incluso frente a cualquier resistencia, e independientemente de la procedencia de dicha posibilidad”, tal imposición sólo puede ser transformada en persuasión por medio de la ética. Son estos ideales los que pueden transformar un feroz mundo competitivo en otro de cooperación solidaria.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América