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En medio de Babilonia


Terminó el mes de setiembre, ese mes de tantos recuerdos desagradables para muchos. En nuestra vida ciudadana tensiones por doquier: inaceptable, repudiable la actitud de los transportistas; termina el Mes de la Biblia, aun cuando debiera ser todo el año; terminó, asimismo, la semana bíblica en el centro arquidiocesano, auspiciada por la Asociación Bíblica Católica de Panamá, y conducida por un experto biblista y a juzgar por la diligencia con que participa la selecta asistencia queda evidenciado el indicador de que frente a la persistente, incansable y malévola diatriba de parte de algunos protestantes, los cristianos católicos aman, estudian y reflexionan y tratan de llevar al mundo la palabra de Dios sin fanatismos, ni monopolismos y con respeto.
Es verdad que cierto prejuicio creado endógenamente alejó la Biblia de las manos del católico, algunos quizás creyeron que estaba prohibida. No ha sido así, la Iglesia quiere que leamos, conozcamos y sobre todo vivamos y difundamos la Biblia, tal como lo sustentan así concilios, los papas, el magisterio y nuestros prelados. Gracias a estos esfuerzos, poco a poco esa aprehensión va desapareciendo.
Cada vez más van apareciendo grupos fervorosos de católicos que leen y estudian la Biblia. El Espíritu Santo, inspirador de la Biblia, se hace sentir cada vez más en la Iglesia y muchos extraen tesoros de piedad y conocimiento espiritual y ahondamiento en su propia fe.
Mencionamos Babilonia, tomada en sentido figurado, para describir como lo hizo San Pedro en su Primera Carta aludiendo a Roma, cuando decía que escribía desde Babilonia, significando que Roma estaba ya corrompida, como sucede con las grandes "megapolis pluralistas", en donde respiramos la perdición. Babilonia bien puede decirse de nuestra querida ciudad de Panamá.
En el diccionario, babilónico es sinónimo de ostentoso y lujoso. También en sus muchos significados bíblicos, Babilonia, fuera de ser una región entre el Tigris y el Eufrates, tenía la ciudad Babilón en donde había un templo con una torre de varios pisos, la Torre de Babel. Babel y Babilonia son términos convertibles. Hoy día quedaría a 50 millas al Sur de Bagdad.
Pues, a esa Babilonia nuestra se lanzan los evangelizadores con la única arma de la Palabra de Dios. La tarea por hacer es inmedible, imponderable. No creo que exagera un escritor que describe su sueño en un día que comienza para evangelizar en Babilonia. Soñaba que iba en una barca que salía del mar, se alejaba de él, y tras fuertes tormentas, acababa despeñándose en el vacío sin fin. Todos los que íbamos dentro éramos personas mayores; unos, los más simples, gritaban de miedo; otros, los de más autoridad, daban normas y hacían discursos, como si estuviéramos en el mar, pero de poco servían, salvo para confundirnos, porque ya no estábamos en el mar, sino en el vacío, otros, el grupo de siempre, estancado, criticaban, y lo hacían con la amargura que los caracteriza, y por supuesto no aportaban soluciones reales. Y en un rincón, el soñador observaba con los ojos llenos de lágrimas. El mismo, al despertarse, descubre que el vacío es la Babilonia que nos circunda y nos oprime cada día, la que margina al número cada vez más creciente de pobres y enriquece más ostentosamente a los que más tienen.
Existe un malestar (o suma de malestares) que nos provoca nuestra Babilonia, y la lucha de la Iglesia en ese medio. Sensación de confusión y de impotencia que a veces como que corre el riesgo de paralizarnos y más de las veces, lo del adagio: "If you cannot beat them, join them" (Si no puedes con ellos, súmate).
Hazte babilonio. Pero no es la solución. No es aplicable con la corrupción, ni con la violencia, ni con ninguna de las aberraciones de nuestra Babilonia.
Nos vemos envueltos en la Babilonia de la confusión, de los sentidos, de las ilusiones, de las vanidades, de los miedos, de los límites, de la sangre, de la negatividad, de la desnutrición, de las prisas. En medio de toda esa nube, nuestra comunidad busca la seguridad ante la amenaza de sentirse presa de miedos frente a la gran Babilonia, ciudad dedicada al materialismo y a la búsqueda de placeres sensuales, y no se contenta con palabras; y sienten que hacen falta actitudes y acciones básicas de amor y de justicia, de autenticidad de vida y de coherencia en nuestras comunidades, pues son ellas las encargadas de mantener vida la tensión del Evangelio en Babilonia.

101 años de Panamá América

 
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