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En medio de la batalla


Bien advertidos hemos quedado de lo que está en el expediente del caso de la muerte del recordado y venerado Monseñor Jorge Altafulla y su contenido, en gran parte, es conocido por todos. Por otro lado, se ha pedido silencio para no dar pie al enriquecimiento del otro expediente no oficial que se hace a través de los medios de comunicación nutrido con los dines y diretes, para ir creando una opinión sesgada en el público, a fin de contar con candidatos para un jurado favorable cuando la ocasión se presente.
Asimismo con motivo de un anteproyecto de ley sobre los medios se ha hablado y repetido el tema de la libertad de expresión y de cómo los medios dicen que ellos sólo son un espejo de la realidad y que la realidad de la vida del panameño es la que está corrupta y que ellos lo único que hacen es, inocentemente, reflejar como un espejo plano la realidad. Sin embargo, como bien lo acota Don Néstor, ese reflejo es muy selectivo a veces y mencionó el aplauso cerrado que multitudinaria y ruidosamente dio el pueblo creyente el día del funeral de Monseñor Altafulla a un llamamiento de la atención a la conducta proclive de los medios, leído en el comunicado de la Conferencia Episcopal.
En ese mismo ámbito selectivo, he visto cómo otra prueba al canto del famoso espejo reflejo de la realidad, el silencio y la falta de eco que le han hecho al escrito "Ideas al vuelo" del Lic. Lad que se titula "¿Dónde están tus acusadores?" en Panorama Católico del 16 de junio del 2002.
Tenemos que concluir al ver cómo funciona la selectividad de los espejos de la realidad que como se dice la verdad escueta y no hay nada del famoso morbo que tanto vende, entonces los espejos de la realidad no funcionan, diríamos se opacan con interferencias inexplicables aun desde el punto de vista de la óptica de la Física Elemental.
Transcribo con autorización del Lic. Lad, algunos de sus párrafos que vale la pena volverlos a traer al tapete: "Vale decir que la Iglesia no ha condenado al susodicho abogado". Todos sabemos a quién se refiere. "Fue un editorial de Panorama Católico el que dijo que serían las palabras del asesino confeso de Monseñor Altafulla y las de su abogado, que desde entonces atacaba la Iglesia, las que los condenarían. Decir que fue la Iglesia es un error y una mentira" PC (16-06-02 pág. 7).
Claro que era y es una mentira porque, inconscientemente, Lad estaba tratando de citar la enseñanza del Evangelio de San Mateo capítulo 12,versos 36 y 37: "Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado".
A simple vista repetir o escribir parte de este verso del capítulo 12 de Mateo es potestad de cualquier devoto del Sagrado Libro y, asimismo, se dará cuenta que se le aplica a él como a cualquier hijo de vecino y no que se trate de un acto condenatorio automático por citar el texto o por una expresa condena de un estamento judicial de la Iglesia Católica. De ahí la falacia de cómo decía un escritor latino "ex pulice facere elephantem" (de una pulga hacer un elefante). De la cita de un verso evangélico convertirlo tendenciosamente en una excomunión. La excomunión, según sus diversas definiciones, es ante todo una censura eclesiástica aplicada a específicos delitos descritos en el mismo Derecho Canónico. La cual se puede incurrir en algunos casos automáticamente y en otros casos por un decreto de la autoridad competente. Las excomuniones son como afirma el articulista el periódico católico: "habla de excomunión contra él cuando públicamente ha dicho que no es católico". Exactamente como enardecida una dama en una reunión vociferaba espetando ataques contra la Iglesia Católica, porque hace más de 50 años sus padres se divorciaron y hablaba de excomuniones que le habían aplicado y de las cuales no constan. Si te apartaste de la religión y ya no perteneces a ella, las reglas de esa religión ya no te alcanzan. Saliste de la comunión de los sacramentos, aunque siempre queda la puerta abierta, si hay conversión.
El resto del escrito pueden leerlo en Panorama Católico y lo consideramos oportuno, y de ahí mi sorpresa que no se le hizo mayor eco inexplicablemente cuando ya casi habitualmente se le cita y se le interpreta a la luz del color del cristal con que se mire. Indudablemente estamos conscientes de que fieles a la consigna de Voltaire: "miente, miente,... que algo queda", es decir repetir la misma mentira infinitas veces algunos creen que las convierten en verdades.

101 años de Panamá América

 
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