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En torno al ejercicio de la ingeniería y la arquitectura


El Deber. Según Kant, este concepto establece que: "el bien consiste en lo que se debe hacer". El imperativo categórico es siempre un "debe", una "falta de algo", siendo por tanto una insuficiencia que nos lleva a algo puramente irreal e inalcanzable, lo que se ha llamado "valor". La ética del deber conduce así, inexorablemente, a la ética de los valores. De acuerdo a la ética kantiana, la cual es individualista y conformista, cada individuo ordena su vida de acuerdo con lo socialmente aceptable. Hay que actuar sin reflexión previa, dependiendo de principios vigentes, lo que nos conduce al "pensamiento único", a la condena del discrepante y a la "caza de brujas".
La Obligación. Tiende a confundirse el concepto del deber y el de obligación, de tal forma que se emplean ambos términos de forma indiscriminada, provocando confusión y oscuridad en el uso correcto del idioma. Esto es, según mi opinión, un gran error. Cada persona no vive desligada de sus semejantes; está ligada a ellos, al igual que a la historia, a las tradiciones, etc. En fin, está ligada al pensamiento y a la actuación humana desde el inicio de los tiempos.
Etimológicamente "obligación", viene de ob - ligatio; ob, preposición inseparable: por causa, en virtud de, o en fuerza de; ligatio, ligazón, unión. Obligación es la actuación que hacemos teniendo en cuenta que estamos ligados a los demás. No es algo que venga impuesto desde fuera, incluso coactivamente, sino que emerge de lo más profundo e implica a la totalidad de la persona, haciéndola reflexionar en forma solidaria, a veces hasta subsidiaria, no individualista.
¿Qué son los valores? Los valores son atributos que tienen las cosas que nos las hace deseables, por los cuales las estimamos y las valoramos. Tienen su origen en la filosofía idealista de Platón, ignorando a propósito que éste fue superado por Aristóteles y su ética de las virtudes, olvidada últimamente con toda intención, para poder manipular mejor a las personas. Los valores son inducidos en cada sociedad, aceptados por ésta y luego proporcionados como apriorismos que asume cada persona sin reflexión y desligados de las circunstancias externas y propias de cada uno.
Todos hemos oído hablar de "La Escala de Valores". Una de las características de los valores es su jerarquía y ordenamiento por orden de preferencia. Cada época y cada grupo humano tiene su propia escala de valores que son sus prioridades y la persona que se mueve por apriorismos es dogmática, irreflexiva y tiende a la intolerancia. Los valores no tienen que coincidir con lo bueno, sino con lo que es deseable y aceptable para cada sociedad en su momento y circunstancia, de ahí que los programas de "tele-basura" tengan tan altos índices de audiencia. En nombre de los valores los hombres han cometido las mayores aberraciones según nos enseña la historia. Hoy, el consumo desaforado, el consumismo, es un "valor" que puede arruinar la Tierra, que causa injusticias a nivel planetario y que únicamente sirve para demostrar que hemos triunfado, que "hemos tenido éxito", otro "valor" en boga, por ahora. Lo mismo se aplica al "juega vivo", a la deshonestidad, indecencia e irresponsabilidad, entre otros.
Dependiendo de la sociedad en que estemos inmersos, podemos -no implica que debemos- pasar de ser personas a ser depredadores, a perros de presa, a destructores más que a constructores, sin importar cómo pasamos ni a quién pisamos, ni qué malas artes usamos para "triunfar". Lo significativo es conseguir lo que se desea, sin consideraciones con nada ni con nadie, lo importante es "tener, triunfar, mostrar que hemos tenido éxito".
En toda actividad humana al ganar algo, se pierde algo. ¿Hemos tenido éxito?, ¿o como personas inmaduras, no nos damos cuenta de que al obtener en esa forma lo que queríamos, nos hemos convertido en grandes perdedores, dañando nuestro entorno personal, familiar y profesional, pasando de ser respetados profesionales a ser considerados burladores, pícaros, etc.?
Todos tendemos a obedecer a una autoridad anónima que dicta sus leyes, renunciando casi con donaire a ser personas y a nuestra propia autonomía y dignidad. Olvidamos la ética de Don Quijote: "Unos van por el ancho camino de la ambición soberbia, otros por el de la adulación baja y servil, mas yo, inclinado de mi estrella, sigo la angosta senda de la caballería andante, por la que desprecio las riquezas, mas no el honor". Reflexionando sobre lo expuesto por Cervantes, recalco el problema que tan bien se plantea y se señala: ¿Qué axiomas servirán de base para la elaboración de las normas de conducta y desarrollo profesional? ¿Qué visión del Hombre y del Mundo está detrás? Las diferencias de formas de vida, de costumbres, de concepciones económicas, de modelos sociales hacen poco menos que imposible el establecimiento de un modelo ético válido para todos. Nadie puede imponer sus creencias o convicciones: eso es lo que denominamos fundamentalismo. Sin embargo, algo "debemos" hacer para mejorarnos a nosotros mismos, a nuestra Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos y a la sociedad panameña en general. Es nuestra "obligación" cara a nosotros mismos como personas, profesionales y miembros de la nación.
La Labor de los Colegios: No es labor del Colegio el convertirse en un ente burocrático e inquisidor, promoviendo denuncias y dictando normas de comportamiento. Es obligación del Colegio el revitalizar la profesión, recordando cuáles son los fines legítimos, de los que somos responsables por encomienda de la sociedad panameña. Es obligación del Colegio promover la búsqueda de la excelencia de cada uno de sus miembros y de acuerdo a la diversidad de los campos de actuación. Hay que buscar la excelencia y no conformarse con la mediocridad del que sólo aspira a eludir acusaciones de negligencia.

101 años de Panamá América

 
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