¡En Venezuela, cuidado con lo que dices!
Venezuela, es la nación en donde ahora, cuando vayas, así sea como turista, debes tener cuidado con lo que dices. Quizás tú no estabas en el planeta tierra hace más de 60 años, cuando un par de pillos, Adolfo Hitler y Benito Mussolini, pretendieron acabar con la civilización y reemplazarla por una sociedad en donde estaba prohibido disentir. Fueron los abanderados de "el delito de opinión" que no era otra cosa que imponer castigo a todo aquel que expresara una opinión diferente a la del régimen. Esta monstruosidad fue desterrada de la tierra a sangre y fuego, cuando el nazi-fascismo fue aplastado, en una guerra que comenzó en 1939 y terminó en 1945.
En Venezuela no hay democracia. Las elecciones son como eran las de tirano Rafael Leonidas Trujillo, en Santo Domingo o las de Marcos Pérez Jiménez, en la dictadura militar que vivió la misma Venezuela desde 1948 hasta 1958. Una farsa.
Chávez, el títere de Fidel Castro, sostiene una especie de Eje Caracas-La Habana, en donde miles y miles de cubanos forman parte de la base de sustentación político-militar, asesorando a las propias fuerzas armadas venezolanas y a los sectores civiles (milicianos) que en los barrios más pobres ejercen control sobre la vida ciudadana. Igual que una gigantesca red "legal y constitucional", que está acabando con todo canal democrático, que todavía no esté en manos del propio Chávez.
El autócrata controla el Congreso, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía, la Contraloría, el Poder Electoral, etc. Es decir, que en Venezuela se prohíbe disentir "constitucionalmente". La gente es castigada "legalmente" como es en Cuba y lo era también en la Unión Soviética. La opinión internacional está ciega. Los venezolanos no podemos entender cómo el llamado mundo libre no se ha dado por enterado que Venezuela ha reemplazado nada menos que a la difunta URSS en el apoyo financiero e ideológico a todo movimiento anti-democrático. El petróleo financia todo. Chávez actúa a escala mundial. No sólo hay ayuda para Cuba, sino para todo aquel que quiera subvertir el orden democrático en el planeta tierra. Un consejo: vaya a Venezuela para que pueda ver con sus propios ojos cómo se fabrica una dictadura sobre bases estrictamente constitucionales. Además te encontrarás con algo no común: puedes decir todo lo que te dé la gana, pero el gobierno no te hará caso y cuídate de las consecuencias.
(*) Periodista venezolano, ex director del diario La Verdad.www.aipenet.com
Blas Julio es un humilde hijo del pueblo que se ha dedicado con mucha pasión a defender los intereses de los más necesitados del país; un periodista que anhela mejores días para todos los panameños y un hombre que ha demostrado ser valiente y luchador ante la adversidad.
Dolorosamente fue recluido en una de las cárceles panameñas, que son antesala de la muerte, y era preciso unir esfuerzos y voluntades a fin de conseguir mejores días para este trabajador de la pluma.
Llegamos a tiempo para salvaguardar el derecho a la vida que tiene Blas Julio, a quien observamos a través de la televisión convertido en un mártir de su enfermedad y que estaba necesitando con urgencia el apoyo humanitario que hiciera posible un cambio en sus condiciones de vida.
Llegamos a tiempo para que el gobierno que acaba de instaurarse y todos los panameños de buena voluntad, lograran que la existencia de este periodista no se perdiera en las mazmorras de una cárcel.
La nación consiguió el objetivo de fortalecer el amor a nuestros semejantes, la solidaridad y los principios del bien común.
Nos complace la decisión del Tribunal de Justicia de dar casa por cárcel a Blas Julio, convencidos de que se trata de una noble causa, solidaria y en defensa de los sagrados principios de la convivencia humana.
En Venezuela no hay democracia. Las elecciones son como eran las de tirano Rafael Leonidas Trujillo, en Santo Domingo o las de Marcos Pérez Jiménez, en la dictadura militar que vivió la misma Venezuela desde 1948 hasta 1958. Una farsa.
Chávez, el títere de Fidel Castro, sostiene una especie de Eje Caracas-La Habana, en donde miles y miles de cubanos forman parte de la base de sustentación político-militar, asesorando a las propias fuerzas armadas venezolanas y a los sectores civiles (milicianos) que en los barrios más pobres ejercen control sobre la vida ciudadana. Igual que una gigantesca red "legal y constitucional", que está acabando con todo canal democrático, que todavía no esté en manos del propio Chávez.
El autócrata controla el Congreso, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía, la Contraloría, el Poder Electoral, etc. Es decir, que en Venezuela se prohíbe disentir "constitucionalmente". La gente es castigada "legalmente" como es en Cuba y lo era también en la Unión Soviética. La opinión internacional está ciega. Los venezolanos no podemos entender cómo el llamado mundo libre no se ha dado por enterado que Venezuela ha reemplazado nada menos que a la difunta URSS en el apoyo financiero e ideológico a todo movimiento anti-democrático. El petróleo financia todo. Chávez actúa a escala mundial. No sólo hay ayuda para Cuba, sino para todo aquel que quiera subvertir el orden democrático en el planeta tierra. Un consejo: vaya a Venezuela para que pueda ver con sus propios ojos cómo se fabrica una dictadura sobre bases estrictamente constitucionales. Además te encontrarás con algo no común: puedes decir todo lo que te dé la gana, pero el gobierno no te hará caso y cuídate de las consecuencias.
(*) Periodista venezolano, ex director del diario La Verdad.www.aipenet.com
Blas Julio es un humilde hijo del pueblo que se ha dedicado con mucha pasión a defender los intereses de los más necesitados del país; un periodista que anhela mejores días para todos los panameños y un hombre que ha demostrado ser valiente y luchador ante la adversidad.
Dolorosamente fue recluido en una de las cárceles panameñas, que son antesala de la muerte, y era preciso unir esfuerzos y voluntades a fin de conseguir mejores días para este trabajador de la pluma.
Llegamos a tiempo para salvaguardar el derecho a la vida que tiene Blas Julio, a quien observamos a través de la televisión convertido en un mártir de su enfermedad y que estaba necesitando con urgencia el apoyo humanitario que hiciera posible un cambio en sus condiciones de vida.
Llegamos a tiempo para que el gobierno que acaba de instaurarse y todos los panameños de buena voluntad, lograran que la existencia de este periodista no se perdiera en las mazmorras de una cárcel.
La nación consiguió el objetivo de fortalecer el amor a nuestros semejantes, la solidaridad y los principios del bien común.
Nos complace la decisión del Tribunal de Justicia de dar casa por cárcel a Blas Julio, convencidos de que se trata de una noble causa, solidaria y en defensa de los sagrados principios de la convivencia humana.