Encefalitis del Canal de Panamá
A MEDIDA que se acerca la fecha del referendo los ánimos van comenzando a caldearse. Trivializar esta importante decisión con la comparsa de la Calle del Sí contra la Calle del No, es algo que no ayuda a analizar con mesura la propuesta presentada por la ACP y tampoco ayuda a la juventud que observa atentamente cómo se comportan y qué escriben sus mayores. Algunos artículos revelan preocupantes signos inflamatorios de encefalitis tóxica logorreica de la que, desgraciadamente, no existe vacuna.
Según los antropólogos, la cultura de un pueblo puede verse de dos formas distintas, desde el punto de vista "emic", es decir, de los que participan en la cosa o desde el punto de vista "etic", el de los observadores que la estudian. Esta distinción metodológica (*) explica, junto a la transmisión del comportamiento social por los ancestros a su descendencia (endoculturización), la forma en que vamos perfilando esa personalidad social entendida como "lo panameño".
Somos tal cual hablamos o nos comportamos en público, por ejemplo, en el tránsito, ya sea como conductores o como peatones. Ambas son conductas aprendidas de pautas transmitidas de padres a hijos además de las que se transmiten las personas entre sí. En general uno es cortés con quien lo trata con cortesía. De allí la importancia de romper las conductas que perpetúan un círculo vicioso negativo. La solución es muy sencilla. Basta con un simple gesto positivo.
Ese gesto positivo en procura de un bien comunitario mayor, sin destruir otros igualmente valiosos, está fundado en una convicción superior a la simple conveniencia económica, al rédito político o al logro personal.
El proyecto del Canal debe unirnos y beneficiarnos a todos, de lo contrario no tiene ningún sentido que bajo nuestra propia administración se origine, aunque sólo sea psicológicamente, otra zona del canal excluyente, con panameños del "gold roll" y otros del "cable roll". Procuremos entonces entre todos, que la tolerancia sobre los distintos temas que puedan dividirnos no llegue al punto de la ruptura y terminemos enfrentados panameños rojos contra panameños verdes.
Todo esto parece tener su origen en un incorrecto manejo público de la discusión del proyecto y en mi opinión ha ocurrido, entre otras razones, por la ausencia de un moderador con autoridad suficiente para guiarnos con ecuanimidad y hacernos ver las cosas desde perspectivas distintas -como el "emic" y el "etic"- pero igualmente legítimas. Creo que el Poder Ejecutivo ha cometido un gran error o ha estado mal asesorado y en lugar de ser el abanderado del Sí, debiera haber optado por aquello que realmente es su función primordial: conducir a toda la nación a respetar la opinión de la mayoría tolerando la de la minoría.
En esta democracia mercantil de moda -con la exclusión de las mayorías postergadas- vivimos bajo la tiranía de una nueva opulencia, la de una minoría frecuentemente salpicada de corrupción. Un fenómeno tan o más nefasto que la dictadura de los caudillos.
Asumiendo como cosa juzgada el hecho del mandato constitucional para este referendo, lo que se necesita discutir sosegadamente, es la necesidad de confrontar el proyecto de la ACP con otros proyectos factibles. ¿El gobierno ha intentado o solicitado a otros profesionales, tan valiosos como los de la ACP, a presentar otras alternativas menos costosas, más eficientes, más necesarias o más inmediatas?
¿Tiene lógica ir a un referendo con tanta urgencia, por un proyecto que no deja en cierto modo de ser, como todo proyecto, una ficción? ¿No hubiera sido mejor presentar a consulta, más tarde, estudios un poco más detallados, con los planos de las esclusas ya terminados y con los compromisos ya firmados por los distintos interesados en financiar la obra? Sé que en respuesta a estas consideraciones se utilizará el mismo argumento que usan para explicar la ausencia del estudio de impacto ambiental (EIA). Que éste no se puede hacer (por ahorro de costos) hasta no tener aprobado el proyecto. En este caso existe un doble o triple estándar, pues en toda obra de mediano o alto riesgo el EIA es un requisito legal. Por otra parte, si el proyecto no está aprobado ¿cómo es que las más altas autoridades del país lo pregonan sin escatimar gastos? Además, se parte de un criterio contradictorio y vicioso, como todo argumento tautológico, por ejemplo: ¿Qué es primero, el proyecto o el referendo? ¿El huevo o la gallina?
Respeto enormemente la honestidad intelectual del Dr. Stanley Heckadon, con quien compartí toda una jornada de información en Punta Galeta, pero creo que con otros estudios de organizaciones o empresas dedicadas específicamente a evaluar impactos ambientales, el Dr. Heckadon se sentiría más respaldado y quizá comparta conmigo que en todo estudio científico la autoridad personal posee un valor importante pero relativo. Con el respeto debido a quienes han opinado que el impacto ambiental en la cuenca del Canal es bajo, hasta donde he obtenido información, se me hace muy difícil y prematuro por las consecuencias que acarrea, admitir tal afirmación sin disponer de otros estudios más precisos y exhaustivos.
Por último, si el gobierno lo estima conveniente -porque si se quiere, sí se puede- este referendo debiera ser postergado el tiempo suficiente para poder analizar el problema con ojos de patólogo, con la evidencia en la mano y no quedarnos sólo con los "diagnósticos presuntivos" de una distinguida junta médica.
(*)Antropología Cultural. Marvin Harris, Alianza Editorial, 7ª reimpresión, 2005.
Según los antropólogos, la cultura de un pueblo puede verse de dos formas distintas, desde el punto de vista "emic", es decir, de los que participan en la cosa o desde el punto de vista "etic", el de los observadores que la estudian. Esta distinción metodológica (*) explica, junto a la transmisión del comportamiento social por los ancestros a su descendencia (endoculturización), la forma en que vamos perfilando esa personalidad social entendida como "lo panameño".
Somos tal cual hablamos o nos comportamos en público, por ejemplo, en el tránsito, ya sea como conductores o como peatones. Ambas son conductas aprendidas de pautas transmitidas de padres a hijos además de las que se transmiten las personas entre sí. En general uno es cortés con quien lo trata con cortesía. De allí la importancia de romper las conductas que perpetúan un círculo vicioso negativo. La solución es muy sencilla. Basta con un simple gesto positivo.
Ese gesto positivo en procura de un bien comunitario mayor, sin destruir otros igualmente valiosos, está fundado en una convicción superior a la simple conveniencia económica, al rédito político o al logro personal.
El proyecto del Canal debe unirnos y beneficiarnos a todos, de lo contrario no tiene ningún sentido que bajo nuestra propia administración se origine, aunque sólo sea psicológicamente, otra zona del canal excluyente, con panameños del "gold roll" y otros del "cable roll". Procuremos entonces entre todos, que la tolerancia sobre los distintos temas que puedan dividirnos no llegue al punto de la ruptura y terminemos enfrentados panameños rojos contra panameños verdes.
Todo esto parece tener su origen en un incorrecto manejo público de la discusión del proyecto y en mi opinión ha ocurrido, entre otras razones, por la ausencia de un moderador con autoridad suficiente para guiarnos con ecuanimidad y hacernos ver las cosas desde perspectivas distintas -como el "emic" y el "etic"- pero igualmente legítimas. Creo que el Poder Ejecutivo ha cometido un gran error o ha estado mal asesorado y en lugar de ser el abanderado del Sí, debiera haber optado por aquello que realmente es su función primordial: conducir a toda la nación a respetar la opinión de la mayoría tolerando la de la minoría.
En esta democracia mercantil de moda -con la exclusión de las mayorías postergadas- vivimos bajo la tiranía de una nueva opulencia, la de una minoría frecuentemente salpicada de corrupción. Un fenómeno tan o más nefasto que la dictadura de los caudillos.
Asumiendo como cosa juzgada el hecho del mandato constitucional para este referendo, lo que se necesita discutir sosegadamente, es la necesidad de confrontar el proyecto de la ACP con otros proyectos factibles. ¿El gobierno ha intentado o solicitado a otros profesionales, tan valiosos como los de la ACP, a presentar otras alternativas menos costosas, más eficientes, más necesarias o más inmediatas?
¿Tiene lógica ir a un referendo con tanta urgencia, por un proyecto que no deja en cierto modo de ser, como todo proyecto, una ficción? ¿No hubiera sido mejor presentar a consulta, más tarde, estudios un poco más detallados, con los planos de las esclusas ya terminados y con los compromisos ya firmados por los distintos interesados en financiar la obra? Sé que en respuesta a estas consideraciones se utilizará el mismo argumento que usan para explicar la ausencia del estudio de impacto ambiental (EIA). Que éste no se puede hacer (por ahorro de costos) hasta no tener aprobado el proyecto. En este caso existe un doble o triple estándar, pues en toda obra de mediano o alto riesgo el EIA es un requisito legal. Por otra parte, si el proyecto no está aprobado ¿cómo es que las más altas autoridades del país lo pregonan sin escatimar gastos? Además, se parte de un criterio contradictorio y vicioso, como todo argumento tautológico, por ejemplo: ¿Qué es primero, el proyecto o el referendo? ¿El huevo o la gallina?
Respeto enormemente la honestidad intelectual del Dr. Stanley Heckadon, con quien compartí toda una jornada de información en Punta Galeta, pero creo que con otros estudios de organizaciones o empresas dedicadas específicamente a evaluar impactos ambientales, el Dr. Heckadon se sentiría más respaldado y quizá comparta conmigo que en todo estudio científico la autoridad personal posee un valor importante pero relativo. Con el respeto debido a quienes han opinado que el impacto ambiental en la cuenca del Canal es bajo, hasta donde he obtenido información, se me hace muy difícil y prematuro por las consecuencias que acarrea, admitir tal afirmación sin disponer de otros estudios más precisos y exhaustivos.
Por último, si el gobierno lo estima conveniente -porque si se quiere, sí se puede- este referendo debiera ser postergado el tiempo suficiente para poder analizar el problema con ojos de patólogo, con la evidencia en la mano y no quedarnos sólo con los "diagnósticos presuntivos" de una distinguida junta médica.
(*)Antropología Cultural. Marvin Harris, Alianza Editorial, 7ª reimpresión, 2005.