Encuentro democrático
El reciente encuentro entre el líder del opositor Partido Panameñista, Juan Carlos Varela, con el presidente Martín Torrijos, da cuenta de una nueva forma de hacer oposición en Panamá, esta vez con una visión responsable, abierta y trascendente del papel que juegan cada uno de los protagonistas en la vida pública panameña. Sin duda, estos encuentros fortalecerán la democracia en nuestro país.
Al margen de las discrepancias ideológicas y partidistas de uno y otro, ya sea para posponer o no la fecha del referéndum sobre la ampliación del Canal de Panamá y otros trascendentales temas del momento, esta nueva forma de ejercer los respectivos roles políticos, mediante la atención de las diversas agendas políticas nacionales a través del diálogo y los encuentros para dirimir las diferencias, es lo que permitirá hallar un punto de consenso para allanar el camino del país hacia el desarrollo nacional.
Atrás deben quedar, de una vez por todas, las "rabietas" espontáneas de otros políticos que se dedicaron, durante sus respectivos liderazgos a expresar ataques verbales a sus opositores, y se enfrascaron en estériles disputas -no exentas de insultos- que no permitieron la reflexión ciudadana frente a los graves problemas que a diario afectan al país.
Lo peor de estas "guerras de palabras" ha sido siempre su superficialidad e inconsistencia política. Recordemos que algunos de ellos, habiendo arrastrado tras de sí innumerables partidarios a estas irresponsables pugnas e imposturas políticas, luego terminaron disfrutando de paseos en yates de lujo como si "nada hubiera pasado". ¿Se puede seguir acaso confiando en estas formas de liderazgo? Claro que no. Panamá requiere cada vez más que sus líderes encaren con madurez y responsabilidad los grandes temas del país. Si no lo hacen, no podrán reclamarle a los dirigentes gremiales, por ejemplo, que guarden la compostura y el respeto. El ejemplo del diálogo y la concertación son instrumentos básicos en democracia para mantener la confianza en nuestros líderes.
Al margen de las discrepancias ideológicas y partidistas de uno y otro, ya sea para posponer o no la fecha del referéndum sobre la ampliación del Canal de Panamá y otros trascendentales temas del momento, esta nueva forma de ejercer los respectivos roles políticos, mediante la atención de las diversas agendas políticas nacionales a través del diálogo y los encuentros para dirimir las diferencias, es lo que permitirá hallar un punto de consenso para allanar el camino del país hacia el desarrollo nacional.
Atrás deben quedar, de una vez por todas, las "rabietas" espontáneas de otros políticos que se dedicaron, durante sus respectivos liderazgos a expresar ataques verbales a sus opositores, y se enfrascaron en estériles disputas -no exentas de insultos- que no permitieron la reflexión ciudadana frente a los graves problemas que a diario afectan al país.
Lo peor de estas "guerras de palabras" ha sido siempre su superficialidad e inconsistencia política. Recordemos que algunos de ellos, habiendo arrastrado tras de sí innumerables partidarios a estas irresponsables pugnas e imposturas políticas, luego terminaron disfrutando de paseos en yates de lujo como si "nada hubiera pasado". ¿Se puede seguir acaso confiando en estas formas de liderazgo? Claro que no. Panamá requiere cada vez más que sus líderes encaren con madurez y responsabilidad los grandes temas del país. Si no lo hacen, no podrán reclamarle a los dirigentes gremiales, por ejemplo, que guarden la compostura y el respeto. El ejemplo del diálogo y la concertación son instrumentos básicos en democracia para mantener la confianza en nuestros líderes.