Encuestas: cómo se sube y cómo se baja
¿Hasta dónde un sofisticado técnico en marketing electoral, que nunca fue candidato a portero ni jamás sintió hambre o indignación por tanto engaño, puede aconsejar a un candidato presidencial cómo convencer a sus electores? ¿Hasta dónde un moderno candidato puede despreciar las técnicas de la mercadotecnia electoral, sin sufrir las consecuencias? Se sabe que hay cuatro elementos que el panameño valora como las exigencias prioritarias que le exige a un candidato, en su orden: franqueza, honestidad, capacidad, equipo de trabajo. ¿Cómo hace un candidato para mostrarle estas cualidades a dos millones de votantes? No hay otra manera que a través de medios masivos de comunicación. Ese es el to be or not to be.
Las fresquísimas encuestas de CID/Gallup que nos acaba de servir El Panamá América nos traen a la mente temas que irán recalentándose febrilmente en los próximos días y meses, sin remedio. Un Martín Torrijos, muy alto, pero con 4 puntos de descenso esta vez; Endara, estancado, y bajando 2 puntos porcentuales. José Miguel recuperando terreno, pero demasiado lento como para llevar chance. Martinelli parado en seco, pese a la vehemencia y terquedad de sus aspiraciones. ¿Qué hacen, cómo hacen los candidatos para ganar terreno, crecer en vez de bajar, de qué manera podrán captar a ese pastel poco coherente y más bien demasiado heterogéneo que representa el segmento de aproximadamente 17 % de indecisos que no toman partido? Aquí entrarán, sin duda, a ofrecerse los "gurúes" de las técnicas de la mercadotecnia electoral, donde muchos allegados a los aspirantes querrán mostrarle sus habilidades pitonisas.
¿Cómo se manipula a los medios, o cómo las campañas en los medios pueden manipular a los votantes? Hay varias tesis: una dice que los medios deciden los temas que creen importantes, los inflan, y la opinión pública los compra como tales y los exigen a los aspirantes. Otra hipótesis plantea que los políticos hábiles, conociendo sus potenciales, venden sus agendas como los temas importantes, los medios los recogen si son impresionados bien, y entonces los venden a los electores.
Sea como sea, la sociedad occidental, y a Panamá le llegó hace un ratito su hora, está ante una nueva industria, multinacional, los especialistas en marketing político, una novedad que se inició históricamente con el debate televisado Nixon-Kennedy, donde los oyentes de radio pusieron más atención a los planteamientos y vieron ganar a Nixon, más estadista, pero los televidentes, atraídos por las imágenes, vieron ganar a un Kennedy más fresco, relajado, frente a un Nixon que se presentó agotado por una fiebre.
Entrando ahora a lo criollo, Martín tendrá que ver cómo para su caída; no obstante que a niveles lógicos la gente entendida, los más informados, pueden comprender que si el techo partidista del candidato le ofrece un colchón de un 34% aproximadamente, del pastel de independientes e indecisos, le bastará para ganar con pellizcar un 6% y ganaría con cierta holgura con un 40%, menos de su marca de hoy, con 4 candidatos. Pero bajar nunca es bueno, y ya Martín tiene la experiencia pasada donde Mireya le ganó corriendo por los palos. Endara tiene que parar sí o sí su estancamiento y el inicio de un "rebosh" fatal. José Miguel sabe que así tan de poquito, y con las facturas negativas de todo candidato oficial, la silla la tiene lejísima de él. Martinelli debe estar ya convencido de que tiene que ir por engordar su partidito y sacar algunos legisladores para negociar, como bien lo sabe y lo ha hecho, desde una oposición para negociar cargos altos. Dos veces lo ha conseguido, con éxito.
El que más tiene que ganar y que perder es Martín. Es la segunda vez que pleitea por la presidencia y sabe que históricamente, al menos en Panamá, la instancia de casación se le hace casi imposible. La jauría interna, hoy quieta, lo acusaría de perdedor reincidente, y se armaría una bronca por el poder, donde él llevaría muy escasa oportunidad de un tercer chance, al recibir las culpas de todos. Además de la natural depresión. Hasta los más íntimos amigos se le irían. Sólo tendría que acudir al archivo para recordar quiénes lo siguieron abrazando y sonriéndole en los días siguientes a la derrota de 1999. Es lo lógico, y quien aún crea que en política hay amor, debiera tomar hábitos. O leer algo de historia. Sabe, además, que no hay manera física de visitar tanta gente sino a través de los medios.
Por su parte, Endara requiere revisar su estrategia, porque lo espontáneo y jocoso, las metidas de patas ingenuas que le ganan el favor de la gente por su sinceridad, tampoco están funcionando. Necesita reformular sus potenciales, que los tiene. Alemán conoce bien que tiene que usar baterías gigantes para llevar su caballo hasta la corona de laureles; y Ricardo, con su obstinación y su billete, debe posicionarse con unos puntos más que le aseguren un CD más enriquecido. En el caso de Martín, el único que repite como candidato, en mi pobre pero inquieto entendimiento, necesita oxigenarse, salir de la rutina de lo interno, ahora que tuvo el regalo de un récord de votación interna, 56%, aunque no puede descuidar atender a los muertos y heridos, a los 80 mil registrados en otras localidades para ayudar a amigos personales, que ahora quedan desparramados y sin motivación.
Sabe que a cualquier ser humano le cuesta muchísimo mover gente para que vote por un enemigo o adversario, lo cual puede afectarle gravemente el voto presidencial, el efectivo, no el que marcan las encuestas. Ese 17% de indecisos es su prioridad, y debe explicarlo amablemente a sus íntimos, a sus legisladores y allegados más próximos, para que no se molesten, y le den permiso de ir a saludar a nueva gente, ver nuevos rostros, escuchar opiniones frescas. Si no, los jodemos todos.
Las fresquísimas encuestas de CID/Gallup que nos acaba de servir El Panamá América nos traen a la mente temas que irán recalentándose febrilmente en los próximos días y meses, sin remedio. Un Martín Torrijos, muy alto, pero con 4 puntos de descenso esta vez; Endara, estancado, y bajando 2 puntos porcentuales. José Miguel recuperando terreno, pero demasiado lento como para llevar chance. Martinelli parado en seco, pese a la vehemencia y terquedad de sus aspiraciones. ¿Qué hacen, cómo hacen los candidatos para ganar terreno, crecer en vez de bajar, de qué manera podrán captar a ese pastel poco coherente y más bien demasiado heterogéneo que representa el segmento de aproximadamente 17 % de indecisos que no toman partido? Aquí entrarán, sin duda, a ofrecerse los "gurúes" de las técnicas de la mercadotecnia electoral, donde muchos allegados a los aspirantes querrán mostrarle sus habilidades pitonisas.
¿Cómo se manipula a los medios, o cómo las campañas en los medios pueden manipular a los votantes? Hay varias tesis: una dice que los medios deciden los temas que creen importantes, los inflan, y la opinión pública los compra como tales y los exigen a los aspirantes. Otra hipótesis plantea que los políticos hábiles, conociendo sus potenciales, venden sus agendas como los temas importantes, los medios los recogen si son impresionados bien, y entonces los venden a los electores.
Sea como sea, la sociedad occidental, y a Panamá le llegó hace un ratito su hora, está ante una nueva industria, multinacional, los especialistas en marketing político, una novedad que se inició históricamente con el debate televisado Nixon-Kennedy, donde los oyentes de radio pusieron más atención a los planteamientos y vieron ganar a Nixon, más estadista, pero los televidentes, atraídos por las imágenes, vieron ganar a un Kennedy más fresco, relajado, frente a un Nixon que se presentó agotado por una fiebre.
Entrando ahora a lo criollo, Martín tendrá que ver cómo para su caída; no obstante que a niveles lógicos la gente entendida, los más informados, pueden comprender que si el techo partidista del candidato le ofrece un colchón de un 34% aproximadamente, del pastel de independientes e indecisos, le bastará para ganar con pellizcar un 6% y ganaría con cierta holgura con un 40%, menos de su marca de hoy, con 4 candidatos. Pero bajar nunca es bueno, y ya Martín tiene la experiencia pasada donde Mireya le ganó corriendo por los palos. Endara tiene que parar sí o sí su estancamiento y el inicio de un "rebosh" fatal. José Miguel sabe que así tan de poquito, y con las facturas negativas de todo candidato oficial, la silla la tiene lejísima de él. Martinelli debe estar ya convencido de que tiene que ir por engordar su partidito y sacar algunos legisladores para negociar, como bien lo sabe y lo ha hecho, desde una oposición para negociar cargos altos. Dos veces lo ha conseguido, con éxito.
El que más tiene que ganar y que perder es Martín. Es la segunda vez que pleitea por la presidencia y sabe que históricamente, al menos en Panamá, la instancia de casación se le hace casi imposible. La jauría interna, hoy quieta, lo acusaría de perdedor reincidente, y se armaría una bronca por el poder, donde él llevaría muy escasa oportunidad de un tercer chance, al recibir las culpas de todos. Además de la natural depresión. Hasta los más íntimos amigos se le irían. Sólo tendría que acudir al archivo para recordar quiénes lo siguieron abrazando y sonriéndole en los días siguientes a la derrota de 1999. Es lo lógico, y quien aún crea que en política hay amor, debiera tomar hábitos. O leer algo de historia. Sabe, además, que no hay manera física de visitar tanta gente sino a través de los medios.
Por su parte, Endara requiere revisar su estrategia, porque lo espontáneo y jocoso, las metidas de patas ingenuas que le ganan el favor de la gente por su sinceridad, tampoco están funcionando. Necesita reformular sus potenciales, que los tiene. Alemán conoce bien que tiene que usar baterías gigantes para llevar su caballo hasta la corona de laureles; y Ricardo, con su obstinación y su billete, debe posicionarse con unos puntos más que le aseguren un CD más enriquecido. En el caso de Martín, el único que repite como candidato, en mi pobre pero inquieto entendimiento, necesita oxigenarse, salir de la rutina de lo interno, ahora que tuvo el regalo de un récord de votación interna, 56%, aunque no puede descuidar atender a los muertos y heridos, a los 80 mil registrados en otras localidades para ayudar a amigos personales, que ahora quedan desparramados y sin motivación.
Sabe que a cualquier ser humano le cuesta muchísimo mover gente para que vote por un enemigo o adversario, lo cual puede afectarle gravemente el voto presidencial, el efectivo, no el que marcan las encuestas. Ese 17% de indecisos es su prioridad, y debe explicarlo amablemente a sus íntimos, a sus legisladores y allegados más próximos, para que no se molesten, y le den permiso de ir a saludar a nueva gente, ver nuevos rostros, escuchar opiniones frescas. Si no, los jodemos todos.