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Encuestas y Censura Previa


"Mis encuestas son de carne y hueso", dijo Mireya Moscoso tras conocer de encuestas que a tres semanas de las elecciones de mayo de 1994 la colocaban detrás de Rubén Blades en la disputa de la carrera por la Presidencia de la República que encabezaba el hoy mandatario, Ernesto Pérez Balladares.
Lo mismo dijo ayer el candidato liberal colombiano, Horacio Serpa, al comentar las encuestas que a pocas horas de la votación lo colocaban a cinco puntos porcentuales debajo del favorito conservador Andrés Pastrana, cuando dijo que no creía en más encuestas que la de los votos.
Las encuestas no son una ciencia exacta, son meros instrumentos de trabajo que expresan la opinión del encuestador resultante de un estudio de una reducida muestra de un conglomerado humano, de cuya posición pretende anticipar una situación general, con el auxilio de instrumentos estadísticos y de la ley de probabilidades.
Su credibilidad y confiabilidad depende de la seriedad y profesionalismo de los encuestadores que, como en todo, los hay buenos, regulares, malos, pésimos y charlatanes. Lo que sí es una realidad es que ningún buen encuestador puede dar certeza absoluta de que ocurrirá tal o cual evento. Lo único que hace es anticipar tendencias en un momento dado, no dar certeza de nada.
Pero son opiniones al fin de cuentas. Mejor fundadas quizás, matemáticamente hablando, pero opiniones al fin, de las que se puede discrepar o coincidir, pero de modo alguno censurar o reprimir.
Quizás la "encuesta" más burda sea la que extraen los extranjeros al consultar al taxista que los lleva al hotel. Y las hay otras que consisten en entrevistar tres personas en la calle u otras por teléfono. Una encuesta de verdad, requiere mucho más que eso. Pero insistimos, no refleja más que la apreciación de quien las hace. No hay que ir más lejos.
Por eso resulta absurdo someterlas a censura alguna, a más de que hacerlo sería violentar la Constitución de la República en cuyo artículo 37 se dice con claridad meridiana "Toda persona puede emitir libremente su pensamiento de palabra, por escrito o por cualquier otro medio, sin sujeción a censura previa"... salvo las responsabilidades ulteriores cuando se atente contra las reputaciones, la seguridad o el orden público.
De allí que sean inconstitucionales las normas electorales que pretenden condicionar la divulgación de encuestas al registro y aprobación previos del Tribunal Electoral so pena de una multa de 5 mil a 25 mil balboas aplicable a "las personas y los medios de comunicación que infrinjan estas disposiciones".
Cualquier forma de censura previa viola la Constitución. Esa es la Ley fundamental que nos rige, producto de siglos de historia universal y luchas que elevaron la libertad de opinión a la suprema categoría de derecho humano, reconocido por un sinfín de convenios internacionales de los que es parte Panamá, y que no puede por ende autoridad alguna desconocer bajo ningún concepto, salvo el caso quizás, de suspensión de garantías constitucionales, que no es el nuestro.

101 años de Panamá América

 
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