Encuestas y compromiso
Las recientes encuestas han replanteado el escenario político nacional. Las mismas van marcando ya una tendencia interesante con respecto a la carrera presidencial. No obstante, el momento es propicio para ciertas reflexiones.
Para nuestro candidato Ricardo Martinelli, ese nivel de aceptación popular de su propuesta va unido a la enorme responsabilidad que le corresponde al resultar triunfador. Su propuesta es y será su mayor compromiso con el país, ahora y en función de gobierno. La misma, así como le plantea al país una opción renovadora, de cambio integral y verdadero, le impone al candidato y a todo su equipo altos niveles de compromiso. ¿Por qué? Porque la inmensa mayoría espera que ese cambio prometido se convierta no sólo en un buen gobierno, sino en respuestas efectivas a los grandes y complejos problemas nacionales que estarán allí en la mesa del Presidente desde el primer día.
La transición de gobierno, por virtud de los cambios constitucionales del 2004, será de casi dos meses, o sea la mitad de lo que era antes. Si es fluida, como debe ser, significa que todo el equipo de gobierno tendrá que empezar a tomar conocimiento de los distintos problemas desde el 4 de mayo. Por la realidad imperante y la gran impaciencia ciudadana, Ricardo Martinelli tendrá una corta luna de miel, ese período de 100 días que se le da de tregua a toda nueva administración. Si tiene 45 días, tendrá gran suerte. Además, el presupuesto del próximo año estará en un 50% a la disposición del nuevo gobierno para comprometerlo y ejecutarlo, en medio de un escenario internacional cambiante, que naturalmente tendrá un impacto, espero que mínimo, en nuestro país.
El programa de gobierno será una guía, pero de seguro, deberá ajustarse a las realidades que se encuentren en los distintos órdenes de la administración pública. El concepto esbozado de "gobernar con los mejores, no importa de dónde vengan", deberá ser en la práctica el primer esfuerzo serio de unidad nacional, tan necesaria para gobernar con relativa calma política en medio de tantas necesidades y demandas. Ese equipo debe no sólo ser capaz, sino entender el arte de gobernar, cosa que difiere profundamente de lo que se hace en el sector privado respecto del público. Son caminos distintos y complicados, para llegar a los mismos lugares. Por ello, la transformación integral del Estado y su administración debe ser el plato fuerte, como legado a las futuras administraciones. Sigo insistiendo en la Constituyente Paralela como vía para ello.
El aporte a estos asuntos ocupará gran parte de mi atención en los próximos meses. Nuestro partido está comprometido de manera sincera con estos compromisos. Debemos forjar más institucionalidad democrática. El próximo quinquenio, a mi juicio, es la última oportunidad que tiene el país para implementar un cualitativo cambio. Si no se hace y se frustra esa gran esperanza nacional, otro será el rumbo, y de seguro no será ni tranquilo ni pacífico. Grandes retos por delante nos esperan.