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Enemigos del Rector


La obstinada posición del Rector de la Universidad de Panamá por permanecer en el cargo contra viento y marea, no hace más que contribuir al aislamiento social de nuestra primera casa de estudios. Resulta humillante pensar que no exista otra persona dentro de la comunidad universitaria capaz de dirigir la institución, y que esto obligue a un cambio en la ley para extender indefinidamente el período del Rector. El manoseado argumento de que se trata de una medida democrática, porque su continuación en la posición dependerá de una elección, ya fue suficientemente discutido y rechazado por la sociedad panameña. Es sabido que desde el poder resulta fácil manipular los procesos electorales, dedicando fondos públicos para las campañas, distribuyendo prebendas, descalificando opositores, acallando las críticas, y promoviendo el argumento del caos que sobrevendría si faltara la cabeza que mantiene la situación vigente. Lo mismo han hecho conocidos dictadores de la región para enquistarse en el poder. Esta es la pobreza de pensamiento que irradia la actual dirigencia de una universidad que debería ser ejemplo para el resto de la sociedad panameña. Mientras tanto, la institución se sigue alejando de la sociedad a la cual debe servir y que reclama vientos frescos de cambio que difícilmente impulsarán velas viejas. La historia será cruel a la hora de juzgar este período, y empañará todos los logros que se hubieran podido conseguir a favor de la vida universitaria con anterioridad. Los que recomiendan seguir con la reelección, son realmente enemigos del Rector que quieren manchar su hoja de servicios, haciéndole pasar los estertores de un ocaso infeliz.

101 años de Panamá América

 
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