Energía y competencia
El gran descrédito del modelo neoliberal es causado por la corrupción y los efectos perversos que se produjeron en muchos casos, en los precios y tarifas de los servicios públicos. Esto es así porque, a diferencia del liberalismo clásico en donde se busca la eficiencia y el mejor precio a través de la competencia, en el neoliberalismo sólo importa la forma de propiedad. De esta manera se traspasaron monopolios públicos a monopolios privados o a oligopolios privados. Sin la competencia de otras empresas privadas y sin las obligaciones políticas de una empresa estatal, las empresas privatizadas empezaron a expoliar a los usuarios desenfrenadamente. Las experiencias con entes reguladores y otros mecanismos estatales de defensa del consumidor y la competencia han dado resultados entre mediocres y malos.
Esto ha ocurrido también en el mercado energético panameño. La privatización de las empresas eléctricas no ha producido la competencia que sí se ha dado desde hace un par de años en el mercado de la telefonía. Se ha cometido el error de confundir privatización con libre empresa. El objetivo del Estado al privatizar las empresas de utilidad pública, no debió ser el de obtener el precio más alto por las acciones en venta, sino el precio más bajo para los usuarios de los servicios. Esto se hubiera logrado si, al igual que se hizo con la gran red de transmisión que se reservó a la estatal ETESA, se le hubieran asignado a esta también los postes y cables eléctricos de las calles. Decimos esto porque con la tecnología actual la transmisión de energía es todavía lo que se llama un "monopolio natural", esto es que por razones tecnológicas, físicas o de rentablidad, no es posible que haya más de un proveedor. Si a lo anterior le agregáramos que el mercado de energía se hubiera dividido en dos, el hidroeléctrico y el termoeléctrico, a fin de que los precios de cada mercado no distorsionen el otro -normalmente en detrimento del consumidor-, tendríamos un sistema que sí promovería la competencia y por ende sería de beneficio para el consumidor. De esta manera habría una multiplicidad de empresas que ofrecerían el servicio de electricidad del poste a la casa, entidad o empresa y que buscarían el mejor precio en los mercados de generación para mantenerse competitivos y el monopolio natural de la transmisión seguiría en manos de la estatal ETESA hasta que la tecnología permita la competencia. El problema no es pues la privatización sino la falta de competencia.
Esto ha ocurrido también en el mercado energético panameño. La privatización de las empresas eléctricas no ha producido la competencia que sí se ha dado desde hace un par de años en el mercado de la telefonía. Se ha cometido el error de confundir privatización con libre empresa. El objetivo del Estado al privatizar las empresas de utilidad pública, no debió ser el de obtener el precio más alto por las acciones en venta, sino el precio más bajo para los usuarios de los servicios. Esto se hubiera logrado si, al igual que se hizo con la gran red de transmisión que se reservó a la estatal ETESA, se le hubieran asignado a esta también los postes y cables eléctricos de las calles. Decimos esto porque con la tecnología actual la transmisión de energía es todavía lo que se llama un "monopolio natural", esto es que por razones tecnológicas, físicas o de rentablidad, no es posible que haya más de un proveedor. Si a lo anterior le agregáramos que el mercado de energía se hubiera dividido en dos, el hidroeléctrico y el termoeléctrico, a fin de que los precios de cada mercado no distorsionen el otro -normalmente en detrimento del consumidor-, tendríamos un sistema que sí promovería la competencia y por ende sería de beneficio para el consumidor. De esta manera habría una multiplicidad de empresas que ofrecerían el servicio de electricidad del poste a la casa, entidad o empresa y que buscarían el mejor precio en los mercados de generación para mantenerse competitivos y el monopolio natural de la transmisión seguiría en manos de la estatal ETESA hasta que la tecnología permita la competencia. El problema no es pues la privatización sino la falta de competencia.