Enmascarados
En varias ocasiones nos hemos referido al peligro que en una ciudad constituyen sujetos que se presentan enmascarados. Ellos son los individuos más peligrosos que circulan en cualquier ambiente. Se enmascaran porque tienen un propósito siempre maligno y punible por la ley, y para evitar que se les identifique, van, protegidos por sus máscaras, seguros de ejecutar sus planes sin ser identificados.
En ocasiones anteriores hemos expresado que a los enmascarados hay que perseguirlos, prioritariamente, dondequiera que se presenten y que se refugien. Impedir la circulación de enmascarados es impedir la comisión de actos malévolos.
No se debe tolerar en parte alguna del país, gente enmascarada con circulación bajo ninguna circunstancia, puesto que dondequiera que sea que asomen, tenemos a un delincuente con el propósito de hacer daño y muy consciente de que va a delinquir. Un ejemplo elocuente de ello nos lo ofrecieron recientemente tres bandoleros enmascarados que entraron a una tienda a robar y mataron al dependiente. Aunque lo hubieran ultimado ante testigos, nadie podría identificarlos.
Sirva eso de paso para añadir que nuestras autoridades con frecuencia cometen el error de permitir que forajidos a quienes se han capturado en fragante delito, se les permite ocultar el rostro ante las cámaras de televisión que los enfocan cuando los conducen detenidos. Es conveniente y necesario que el público vea esas caras. Aquí no hay previsión porque hay presunción de inocencia porque hay flagrancia.
Se hace imperativo para las autoridades del país, dados los tiempos que corren, que en ninguna parte de su territorio y por ningún concepto, pueda persona alguna aparecer con el rostro oculto.
En ocasiones anteriores hemos expresado que a los enmascarados hay que perseguirlos, prioritariamente, dondequiera que se presenten y que se refugien. Impedir la circulación de enmascarados es impedir la comisión de actos malévolos.
No se debe tolerar en parte alguna del país, gente enmascarada con circulación bajo ninguna circunstancia, puesto que dondequiera que sea que asomen, tenemos a un delincuente con el propósito de hacer daño y muy consciente de que va a delinquir. Un ejemplo elocuente de ello nos lo ofrecieron recientemente tres bandoleros enmascarados que entraron a una tienda a robar y mataron al dependiente. Aunque lo hubieran ultimado ante testigos, nadie podría identificarlos.
Sirva eso de paso para añadir que nuestras autoridades con frecuencia cometen el error de permitir que forajidos a quienes se han capturado en fragante delito, se les permite ocultar el rostro ante las cámaras de televisión que los enfocan cuando los conducen detenidos. Es conveniente y necesario que el público vea esas caras. Aquí no hay previsión porque hay presunción de inocencia porque hay flagrancia.
Se hace imperativo para las autoridades del país, dados los tiempos que corren, que en ninguna parte de su territorio y por ningún concepto, pueda persona alguna aparecer con el rostro oculto.