Enron y Enafin
En sus propios países, ambas empresas eran las cenicientas de los respectivos sistemas financieros. Experimentaron crecimientos impresionantes durante los noventa, financiadas principalmente por bancos y por inversionistas grandes y pequeños en los mercados de capitales. Al final, dudosos registros contables en los libros de cada una de estas empresas despertaron todo tipo de interrogantes y ambas acabaron en la bancarrota, causando pérdidas inmediatas multimillonarias.
En el fondo, estas quiebras han originado cuestionamientos sobre el gobierno corporativo de las empresas cuyos valores se negocian en los mercados de capitales, sobre la función que cumplen los auditores externos y sobre el papel que debe jugar el gobierno en esos mercados. Todos - la administración de las empresas, los auditores y los reguladores- fallaron en ambos casos.
Para restaurar la confianza en los mercados, se están revisando las reglas aplicables al sector. Amén de exigir que toda sociedad cuente con directores que no formen parte del equipo de gerencia, se está considerando, inclusive, exigir que tengan mayor acceso y conocimiento sobre los asuntos cotidianos de las compañías. En cuanto a los auditores independientes, hasta se ha propuesto que el Estado asuma la responsabilidad de revisar las cuentas anuales de éstas, aunque lo más probable es que se mantenga la actividad en el sector privado, con mayor autorregulación y rotaciones periódicas.
Hasta tanto no se restituya la confianza en las cifras que suministran la administración y los auditores de empresas en los mercados de capitales, los inversionistas continuarán cautelosos sobre dónde ubicar sus escasos recursos.
Tanto en Estados Unidos como en Panamá, todos los involucrados en el sector deben unir esfuerzos para identificar mecanismos que garanticen que otras empresas no produzcan más situaciones como las de Enron y Adelag.
En el fondo, estas quiebras han originado cuestionamientos sobre el gobierno corporativo de las empresas cuyos valores se negocian en los mercados de capitales, sobre la función que cumplen los auditores externos y sobre el papel que debe jugar el gobierno en esos mercados. Todos - la administración de las empresas, los auditores y los reguladores- fallaron en ambos casos.
Para restaurar la confianza en los mercados, se están revisando las reglas aplicables al sector. Amén de exigir que toda sociedad cuente con directores que no formen parte del equipo de gerencia, se está considerando, inclusive, exigir que tengan mayor acceso y conocimiento sobre los asuntos cotidianos de las compañías. En cuanto a los auditores independientes, hasta se ha propuesto que el Estado asuma la responsabilidad de revisar las cuentas anuales de éstas, aunque lo más probable es que se mantenga la actividad en el sector privado, con mayor autorregulación y rotaciones periódicas.
Hasta tanto no se restituya la confianza en las cifras que suministran la administración y los auditores de empresas en los mercados de capitales, los inversionistas continuarán cautelosos sobre dónde ubicar sus escasos recursos.
Tanto en Estados Unidos como en Panamá, todos los involucrados en el sector deben unir esfuerzos para identificar mecanismos que garanticen que otras empresas no produzcan más situaciones como las de Enron y Adelag.