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Ensanche de la Avenida Balboa


Una cosa es ensancharla y rellenarla en parte para crear espacio para una calzada peatonal, tiendas, cafés y parques, del tipo que ha hecho Chicago en su malecón a orillas del lago Michigan, y otra es eliminar uno de sus cuatro carriles, como se ha propuesto. Por más que paralelo a ella se piense extender el Corredor Sur hacia la Calzada de Amador, pasando por debajo -en un túnel - del Casco Viejo, no es buena idea quitarle un carril, teniendo tanto espacio y tan baja marea para rellenar.
Por el contrario, si la idea es poblar la Avenida Balboa con rascacielos de ochenta y más pisos, mejor sería pensar en grande y agregarle más carriles. Los proyectos en su entorno son tan costosos que bien pagarían la obra que, a la vez, beneficiaría a las grandes edificaciones en ciernes.
Debe además resucitarse y replantearse el paso elevado del Multicentro, frente a la Nunciatura. Cuando se propuso originalmente, la ciudad no estaba preparada para nada que fuera a alterar la Avenida Balboa. Cinco años después, con los proyectos puestos en papel y echados los cimientos para su construcción, mientras se venden y revenden por las principales capitales del planeta, la cosa ha cambiado. La situación del tránsito por la ciudad ha alcanzado niveles de desquiciamiento tales, que debe ser bienvenida toda iniciativa que contribuya a su desahogo. Y quienes nos incluimos entre sus detractores, nada perderíamos en aceptar con humildad, que nos equivocamos.
Igual ocurrió con otros grandes proyectos rechazados, que algún día - sino ya - serán rescatados del olvido, tales como el de la Ciudad Marina de los años 70, que proponía rellenar parte de la Bahía y tirar una mega carretera acuática desde Punta Paitilla hacia la Avenida de los Poetas, dejando un gran lago marino con libre entrada y salida de las aguas, ganando con el relleno espacio para dos o más puertos de aguas profundas.

101 años de Panamá América

 
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