Enseñanza del inglés
El legislador José Blandón Figueroa viene impulsando un proyecto de ley que procura hacer obligatoria la enseñanza del idioma inglés en las escuelas de la República. Increíblemente, la iniciativa ha tropezado con la oposición de algunos colegas suyos dentro del organismo y de sectores ultra nacionalistas. Los primeros, aducen limitaciones presupuestarias y expresan temores de que una eventual importación de profesores extranjeros termine desplazando a educadores locales. Los últimos son los chauvinistas de la nacionalidad que ven en el bilingüismo una amenaza, en vez de una herramienta que abre la puerta a más amplios horizontes y oportunidades.
En circunstancias normales, no se requeriría de ley alguna. Bastaría con que el Ministerio de Educación hiciera su trabajo e introdujera el inglés como asignatura obligatoria desde el jardín de la infancia hasta la secundaria. Lamentablemente, aquí tenemos el vicio de las leyes y creemos que para hacer y decidir lo más mínimo es necesario dictar algún tipo de decreto o normativa, cuando no es así.
Supongamos, que la ley ayudaría a dramatizar la importancia del tema y a presionar en procura de los recursos y esfuerzos para hacer realidad la idea. Siendo así, todo el país debiera apoyarla con entusiasmo.
El inglés es el idioma universal. La mayoría de los más avanzados textos y estudios vienen o nacen en ese idioma. De ese modo, para cuando son traducidos al español tiempo o años después, siempre surgen ediciones más recientes u obras que las superan, que dejan los textos en español atrasados.
Y peor aún, mucho material valioso ni siquiera llega a ser traducido a nuestro idioma y, si lo es, viene con algún grado de distorsión ajena al tenor del idioma original. El inglés es, además, el idioma de los negocios y del viajero en los rincones más remotos. No sería exagerado decir que quien no tiene un mínimo de dominio del inglés es un analfabeto tecnológico porque todo viene en ese idioma, incluyendo el internet. Hoy día, no saber inglés coarta acaso un 90% las posibilidades de quienes buscan empleo, por mejor dotados que estén.
El mundo globalizado de hoy así lo entiende y procede de conformidad con esa realidad. Por eso, no es de extrañar que China, con sus 1,300 millones de almas, tenga en la enseñanza de ese idioma una prioridad, desde el gateo de los niños. Igual Viet-Nam, a quien una asociación de empresarios estadounidenses ayuda con un agresivo programa de formación de profesores nativos, con excelentes resultados. Lo mismo hizo la multinacional de microprocesadores Intel en Costa Rica, enviando educadores ticos a Texas para su capacitación.
La forma de hacerlo, si se quiere, es secundaria. En este momento urge dar prioridad a la idea de modo que, como política oficial de educación, implementemos como obligatoria la enseñanza del idioma inglés en el país. Es una decisión estratégica e indispensable para mejorar las perspectivas ciudadanas y de Panamá, en un mundo fieramente competitivo.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Ghandi
En circunstancias normales, no se requeriría de ley alguna. Bastaría con que el Ministerio de Educación hiciera su trabajo e introdujera el inglés como asignatura obligatoria desde el jardín de la infancia hasta la secundaria. Lamentablemente, aquí tenemos el vicio de las leyes y creemos que para hacer y decidir lo más mínimo es necesario dictar algún tipo de decreto o normativa, cuando no es así.
Supongamos, que la ley ayudaría a dramatizar la importancia del tema y a presionar en procura de los recursos y esfuerzos para hacer realidad la idea. Siendo así, todo el país debiera apoyarla con entusiasmo.
El inglés es el idioma universal. La mayoría de los más avanzados textos y estudios vienen o nacen en ese idioma. De ese modo, para cuando son traducidos al español tiempo o años después, siempre surgen ediciones más recientes u obras que las superan, que dejan los textos en español atrasados.
Y peor aún, mucho material valioso ni siquiera llega a ser traducido a nuestro idioma y, si lo es, viene con algún grado de distorsión ajena al tenor del idioma original. El inglés es, además, el idioma de los negocios y del viajero en los rincones más remotos. No sería exagerado decir que quien no tiene un mínimo de dominio del inglés es un analfabeto tecnológico porque todo viene en ese idioma, incluyendo el internet. Hoy día, no saber inglés coarta acaso un 90% las posibilidades de quienes buscan empleo, por mejor dotados que estén.
El mundo globalizado de hoy así lo entiende y procede de conformidad con esa realidad. Por eso, no es de extrañar que China, con sus 1,300 millones de almas, tenga en la enseñanza de ese idioma una prioridad, desde el gateo de los niños. Igual Viet-Nam, a quien una asociación de empresarios estadounidenses ayuda con un agresivo programa de formación de profesores nativos, con excelentes resultados. Lo mismo hizo la multinacional de microprocesadores Intel en Costa Rica, enviando educadores ticos a Texas para su capacitación.
La forma de hacerlo, si se quiere, es secundaria. En este momento urge dar prioridad a la idea de modo que, como política oficial de educación, implementemos como obligatoria la enseñanza del idioma inglés en el país. Es una decisión estratégica e indispensable para mejorar las perspectivas ciudadanas y de Panamá, en un mundo fieramente competitivo.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Ghandi