Entre dos referéndums
En más de una ocasión hemos dicho que en toda negociación próxima a un acuerdo, son normales las señales de ruptura. Por eso, frente al pesimismo imperante y a la falta de comunicaciones oficiales, solemos ver alrededor y observar las señales inequívocas que suelen dar respuesta, muchas veces ajenas a los propios protagonistas.
De allí que insistamos en nuestra apreciación de que, pese a que el gobierno panameño echó para atrás lo acordado el 23 de diciembre pasado, retrotrayendo el proceso a sus inicios, habrá un convenio con Estados Unidos sobre el Centro Multilateral Antidrogas (CMA). Se ha producido una demora, pero al final firmarán.
No puede ser de otro modo, habida consideración de los intereses y la correlación de las fuerzas involucradas, con el aditamento de que Estados Unidos necesita de algún tipo de presencia en el Canal después del 31 de diciembre de 1999. Ellos siempre dijeron que no era un problema de "necesidad" sino de mera "conveniencia". Pero la presión del tiempo se ha encargado de poner las cosas en su sitio. Realmente necesitan el CMA. De vez en cuando surge alguien en el Senado que lo grita sin ambages.
Panamá, aunque muchos no coincidan, no está en distinta situación. Lo que aportaría económicamente al país el CMA no sería nada despreciable, digamos B/.300 millones en alquileres, mantenimiento, servicios y consumo cada año. Además de eso, con ese aporte panameño se diluiría para siempre el temor anual a la certificación del Congreso norteamericano sobre la cooperación de las distintas naciones en la lucha antidrogas. Panamá habrá cumplido con creces.
Lo otro es la presencia aquí del Canal de Panamá, sin nadie que lo defienda, en las cercanías de un país vecino que enfrenta una guerra civil con fuerzas guerrilleras y del narcotráfico plenas de recursos, siempre tentadas a incursionar en nuestro suelo. Y la verdad es que no contamos con medios suficientes para hacer frente a esa realidad y somos vulnerables a la infiltración indeseable.
Constituimos además una democracia inmadura, que lo primero que hace tras su restablecimiento es jugar a la reelección y a la atomización partidista; con un reciente pasado de corrupción y abuso del poder, que antes no afectaba el Canal, pero que ahora depende de la buena voluntad de nuestros gobernantes.
Por eso insistimos en que habrá acuerdo sobre el CMA. Lo único es que el referéndum para su aprobación tendría que darse en un plazo suficiente para permitir que Howard sea mudado a Miami, si fuera rechazado. Hablamos de diciembre como máximo.
He allí la razón del repentino adelanto para septiembre u octubre del otro referéndum, el de la reelección. No han sido las protestas contra su insólita fecha original, próxima al Día de la Madre, lo que los hizo cambiar, sino la necesidad de que ambos eventos no coincidieran lo que determinó el cambio de fecha.
De allí que insistamos en nuestra apreciación de que, pese a que el gobierno panameño echó para atrás lo acordado el 23 de diciembre pasado, retrotrayendo el proceso a sus inicios, habrá un convenio con Estados Unidos sobre el Centro Multilateral Antidrogas (CMA). Se ha producido una demora, pero al final firmarán.
No puede ser de otro modo, habida consideración de los intereses y la correlación de las fuerzas involucradas, con el aditamento de que Estados Unidos necesita de algún tipo de presencia en el Canal después del 31 de diciembre de 1999. Ellos siempre dijeron que no era un problema de "necesidad" sino de mera "conveniencia". Pero la presión del tiempo se ha encargado de poner las cosas en su sitio. Realmente necesitan el CMA. De vez en cuando surge alguien en el Senado que lo grita sin ambages.
Panamá, aunque muchos no coincidan, no está en distinta situación. Lo que aportaría económicamente al país el CMA no sería nada despreciable, digamos B/.300 millones en alquileres, mantenimiento, servicios y consumo cada año. Además de eso, con ese aporte panameño se diluiría para siempre el temor anual a la certificación del Congreso norteamericano sobre la cooperación de las distintas naciones en la lucha antidrogas. Panamá habrá cumplido con creces.
Lo otro es la presencia aquí del Canal de Panamá, sin nadie que lo defienda, en las cercanías de un país vecino que enfrenta una guerra civil con fuerzas guerrilleras y del narcotráfico plenas de recursos, siempre tentadas a incursionar en nuestro suelo. Y la verdad es que no contamos con medios suficientes para hacer frente a esa realidad y somos vulnerables a la infiltración indeseable.
Constituimos además una democracia inmadura, que lo primero que hace tras su restablecimiento es jugar a la reelección y a la atomización partidista; con un reciente pasado de corrupción y abuso del poder, que antes no afectaba el Canal, pero que ahora depende de la buena voluntad de nuestros gobernantes.
Por eso insistimos en que habrá acuerdo sobre el CMA. Lo único es que el referéndum para su aprobación tendría que darse en un plazo suficiente para permitir que Howard sea mudado a Miami, si fuera rechazado. Hablamos de diciembre como máximo.
He allí la razón del repentino adelanto para septiembre u octubre del otro referéndum, el de la reelección. No han sido las protestas contra su insólita fecha original, próxima al Día de la Madre, lo que los hizo cambiar, sino la necesidad de que ambos eventos no coincidieran lo que determinó el cambio de fecha.