Entre el Cemi y Lucky Games
En Panamá, tierra del tamborito, la pollera y los eternos festejos, somos famosos porque nada nos borra la sonrisa y mucho menos las ganas de divertirnos; lo que no sería censurable si ello lo combináramos con una buena medida de responsabilidad y participación ciudadana.
Dosis que nos haga comprender que nuestro papel en la sociedad política no se limita a ejercer el sufragio, sin vigilancia del cumplimiento de las propuestas que fueran aprobadas por ese gran soberano que es de verdad “El Pueblo”, frase tan manoseada y desteñida que se torna invisible y reciclable.
Desde la administración de la Sra. Mireya Moscoso, el caso Cemi fue motivo de grandes cuestionamientos por la sociedad civil, e impidió que una provincia como Colón se beneficiara de una negociación seria y transparente; pero igual que ayer, aquí no ha pasado nada. ¿Y seguirá pasando?, porque la verdad es que en nuestro país aún no hay suficientes pruebas de que la frase preferida del Presidente: “Entran limpios y salen millonarios”, salvo algunos chivos expiatorios, precisamente no pertenecientes a los verdaderos “cocutudos”, tenga mayor profundidad que la de los “show” mediáticos a los que los grandes medios de “información y entretenimiento” nos tienen acostumbrados (as). Desde Mira quién canta, baila conmigo, la utilización indecorosa de la pobreza para el “Reality Show”, hasta los partes de guerra transmitidos día tras día por los noticieros del país.
Aunque, un nutrido grupo de connacionales se recrea con esta baraúnda de malos y hasta obscenos programas, no todos (as) nos conformamos con el manejo titiritezco que los medios, en complicidad con el poder, hacen de nosotros y de nuestras familias para adormecer nuestra conciencia.
Así entre mascaradas y bambalinas, transcurren todos los casos sonados de corrupción y enajenación de los bienes patrimoniales, sin que implique ninguna medida real de ajusticiamiento; si no, que lo digan los envenenados del jarabe de la muerte, los incinerados del autobús; los que perdieron bienes, casas y recursos debido a construcciones fraudulentas. Siguen pendientes las estatuas de bronce desaparecidas, las fundaciones que “Ex Primeras Damas” (¿cuáles, segundas y terceras, en este siglo?) valiéndose de su posición influyente captan donaciones para elaborar museos para los niños, que puedan financiar las entradas. ¡Qué lindo!
No conforme con la mora judicial con “el pueblo”, se repiten patrones de comportamiento descalificados previamente: nepotismo, contrataciones sin liquidación y/o de familiares cercanos (¿Juzgar a Balladares?), compras a escondidas (avión presidencial), aumento continuo de bienes imprescindibles para la vida como el agua.
Olvidan que la falta de transparencia y la corrupción (funcionarios con faltas graves) constituyen amenazas gravísimas a la democracia, es decir, al Gobierno del pueblo y para el pueblo.