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Entre el interés y el principio


El movimiento creado para protestar por la separación del profesor Juan Jované, de su puesto al frente de la Caja del Seguro Social, ha ido perdiendo fuerza precisamente por los errores cometidos en la estrategia propuesta por su dirigencia más radical. Primero, al recurrir a la violencia en las calles con daños a la vida y propiedad como fórmula para llamar la atención a sus demandas. Este método de lucha ha sido rechazado por la mayoría de la población, porque contribuye más a la creación de problemas sociales que a su propia solución.
Segundo, por echar mano desde el primer día de alternativas que generalmente se reservan para último momento, como es el caso de la huelga. La forma efectiva de manejar un movimiento de protesta es avanzar progresivamente en la presión y dejar siempre abierta la posibilidad de negociar o de aumentarla. En este caso, al fracasar la convocatoria a una huelga general, no quedaban nuevas medidas de mayor impacto que permitieran ir incrementando la presión.
Tercero, por paralizar los servicios públicos de educación y de salud, situación que solamente perjudica los intereses de los más pobres. Tanto las escuelas como las clínicas privadas no dejaron de trabajar, contribuyendo de esta manera a que fueran las clases más necesitadas las que pagaran este alto costo social.
Cuarto, por no presentar en su pliego de aspiraciones ninguna propuesta constructiva nueva. Se trata de un pliego que presenta la reacción a una decisión de la Junta Directiva de la Caja del Seguro Social sin plantear alternativas de solución a los graves problemas por los que atraviesa la institución. Además, el listado de exigencias no admite una respuesta concreta que le dé una salida a la crisis sin provocar otras.
Quinto, por proponer enturbiar la celebración del Centenario de la República, como si el más alto valor patriótico nacional estuviera supeditado al interés de algunos gremios por protestar.
Sexto, por encerrarse sobre el propio grupo, excluyendo la participación de otros sectores que tienen mucho que decir en este caso. La misma agresividad planteada en sus acciones y la presencia de radicales en el movimiento, han servido para alejar del mismo a simpatizantes que quieren apoyar, pero a la vez no están dispuestos a hacerlo siguiendo la agenda suicida planteada por sus líderes.
Ojalá surjan nuevas figuras que retomen el impulso y lo orienten hacia una verdadera solución a los problemas de la Caja. Esto solamente tendría éxito si los elementos más extremistas y destructivos dan paso a los más centrados y constructivos. De hacerlo, podríamos hablar de un verdadero movimiento nacional fundamentado en el principio de la seguridad social en Panamá, y no del simple interés de un grupo que protesta por la separación del cargo de una persona.

101 años de Panamá América

 
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