Entre la realidad y la percepción
Es difícil escudriñar en detalles sobre el porqué en Panamá la percepción ciudadana es más fuerte que la realidad o la legalidad. Para el común de los ciudadanos tiene mayor credibilidad la forma en que se conciben o se presentan las cosas, que lo dictaminado por ley. El problema parte del propio sistema de administración de justicia que, en su conjunto, no da muestra de eficacia, transparencia y objetividad. Y cuando lo intenta hacer choca entonces con la percepción de los ciudadanos. Otro aspecto dice sobre los administradores de la justicia que contribuyen al deterioro de la legalidad porque no saben explicar sus actuaciones o porque las explican mal o porque demoran sospechosamente en la toma de decisiones.
Ilustrémonos con un ejemplo reciente. Cuando el magistrado Arjona señaló a tres colegas suyos como facilitadores de libertad para delincuentes de alto vuelo, la ciudadanía tildó de corruptos sólo a los señalados sin advertir, y en esto ayudó el propio Arjona, que los fallos aludidos fueron firmados por todos los magistrados a excepción del desidente. La percepción fue tal que la denuncia que se propuso ante la Asamblea Nacional, sin contar que no tenía piso ni techo, dejó de incluir a todos los magistrados, y cuando dicho Organo, sin tener otra salida, decidió archivarla quedó, entonces, tan corrupta como el pleno de la Honorable Corte sin que a la fecha ni ésta ni aquella hayan podido explicar, convincentemente, la realidad de las dos denuncias.
El Anteproyecto de Ley sobre reforma a la CSS es otro ejemplo del conflicto entre percepción y realidad. Los dirigentes sindicales, en coro, se amarraron a la proclama de la no privatización de la Caja. Pero cuando el gobierno propone lo mismo, aquellos siguen exprimiendo la teta de ese lema famoso, sin importarles el desfase del discurso, mas sólo porque esa es la imagen que tienen en la percepción popular. Dicho sector ha sido tan intransigente antes que ahora les cuesta mucho reorientar el verbo y son alérgicos a cualquier arreglo, aunque reconozcan y sepan que es bueno. Son felices en las calles y se engrandecen con generalidades en la tribuna pública, pero rehusan el debate al menudeo para decir luego que no fueron consultados y que lo aprobado tiene el pecado original de lo inconsulto. Más dramático, por lo doloroso, es el caso de los dirigentes estudiantiles, particularmente los universitarios. Oírlos con un lenguaje de vez prematura es deprimente. Y verlos haciendo muecas en lugar de argumentos, es desolador porque nos prometen muy poco para cuando les corresponda asumir la dirección del País. Tanto aquellos como éstos son estatuas que no cambian pese al tiempo; son víctimas de su percepción y no parecen encontrar salida hacia su realidad.
Qué lástima que a un tema tan trascendente se le haya dispensado más emoción que razones, y que el cruce de ideas y propuestas haya perdido terreno frente a la gritería y la guapería de barrio urbano.
En las encrucijadas nacionales, como ocurre ahora, no podemos ubicarnos al margen ni participar de cualquier manera.
Hay que encarar la realidad de la CSS, pero libres de los fantasmas de la percepción que se tenga de ella. Es posible una propuesta mejor a la presentada, pero sea esa u otra más vale estar a la altura de las realidades en vez de seguir prisioneros de percepciones.
En el bus había ocho personas cuando partió, pero en vía España estaba a la mitad de su capacidad.
Es allá en la ciudad donde ellos recogen un poco más de personas, pero aun así los pobladores no esperan mucho estos autobuses debido a que demoran mucho tiempo en pasar por las paradas y no son muchos.
Espero, por el bien de la comunidad, que las autoridades presten más atención a los buses del lugar. Este servicio morirá inevitablemente si no se hace algo pronto.
Por lo pronto, al acercarme a mi parada, saqué el dinero del bolsillo, me acerqué al conductor y lo deposité en su mano. Al bajarme, miré por última vez al chofer y al irse alejando el colectivo vi por última vez la llanta de repuesto colocada en la parte posterior.
Ilustrémonos con un ejemplo reciente. Cuando el magistrado Arjona señaló a tres colegas suyos como facilitadores de libertad para delincuentes de alto vuelo, la ciudadanía tildó de corruptos sólo a los señalados sin advertir, y en esto ayudó el propio Arjona, que los fallos aludidos fueron firmados por todos los magistrados a excepción del desidente. La percepción fue tal que la denuncia que se propuso ante la Asamblea Nacional, sin contar que no tenía piso ni techo, dejó de incluir a todos los magistrados, y cuando dicho Organo, sin tener otra salida, decidió archivarla quedó, entonces, tan corrupta como el pleno de la Honorable Corte sin que a la fecha ni ésta ni aquella hayan podido explicar, convincentemente, la realidad de las dos denuncias.
El Anteproyecto de Ley sobre reforma a la CSS es otro ejemplo del conflicto entre percepción y realidad. Los dirigentes sindicales, en coro, se amarraron a la proclama de la no privatización de la Caja. Pero cuando el gobierno propone lo mismo, aquellos siguen exprimiendo la teta de ese lema famoso, sin importarles el desfase del discurso, mas sólo porque esa es la imagen que tienen en la percepción popular. Dicho sector ha sido tan intransigente antes que ahora les cuesta mucho reorientar el verbo y son alérgicos a cualquier arreglo, aunque reconozcan y sepan que es bueno. Son felices en las calles y se engrandecen con generalidades en la tribuna pública, pero rehusan el debate al menudeo para decir luego que no fueron consultados y que lo aprobado tiene el pecado original de lo inconsulto. Más dramático, por lo doloroso, es el caso de los dirigentes estudiantiles, particularmente los universitarios. Oírlos con un lenguaje de vez prematura es deprimente. Y verlos haciendo muecas en lugar de argumentos, es desolador porque nos prometen muy poco para cuando les corresponda asumir la dirección del País. Tanto aquellos como éstos son estatuas que no cambian pese al tiempo; son víctimas de su percepción y no parecen encontrar salida hacia su realidad.
Qué lástima que a un tema tan trascendente se le haya dispensado más emoción que razones, y que el cruce de ideas y propuestas haya perdido terreno frente a la gritería y la guapería de barrio urbano.
En las encrucijadas nacionales, como ocurre ahora, no podemos ubicarnos al margen ni participar de cualquier manera.
Hay que encarar la realidad de la CSS, pero libres de los fantasmas de la percepción que se tenga de ella. Es posible una propuesta mejor a la presentada, pero sea esa u otra más vale estar a la altura de las realidades en vez de seguir prisioneros de percepciones.
En el bus había ocho personas cuando partió, pero en vía España estaba a la mitad de su capacidad.
Es allá en la ciudad donde ellos recogen un poco más de personas, pero aun así los pobladores no esperan mucho estos autobuses debido a que demoran mucho tiempo en pasar por las paradas y no son muchos.
Espero, por el bien de la comunidad, que las autoridades presten más atención a los buses del lugar. Este servicio morirá inevitablemente si no se hace algo pronto.
Por lo pronto, al acercarme a mi parada, saqué el dinero del bolsillo, me acerqué al conductor y lo deposité en su mano. Al bajarme, miré por última vez al chofer y al irse alejando el colectivo vi por última vez la llanta de repuesto colocada en la parte posterior.