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Entre propios y extraños


Para muchos seres humanos las comparaciones resultan incómodas, especialmente cuando de las deducciones obtenidas se puede demostrar la incapacidad de una región o Estado, con respecto a otra; la debilidad de un sistema frente a otro; lo anticuado de las normas y constituciones, frente a las de otras latitudes, la moral y valores entre distintos, etc. No pretendo confrontar circunstancias entre dos Estados, uno, desarrollado y otro en vías; sino, dejar que el lector permita hacer sus propias valoraciones de lo descrito. Igual que se hace en los estudios de Derecho Comparado.
El día domingo reciente pasado (11), mientras en diversas ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica, se conmemoraba un año mas de la tragedia que enlutó a ésta ostentosa potencia, con los consabidos resultados de ciudadanos que perecieron en las torres gemelas (mayormente latinos); en el territorio del Imperio del Sol Naciente (Japón), se desarrollaban las elecciones generales para elegir nuevo gobierno. La segunda potencia económica del globo, con una monarquía constitucional, pasaba por el tamiz de la aceptación a los que ocuparían los 480 escaños.
Un país compuesto por cuatro islas principales y más de tres mil pequeñas, que hace un total de 378, 000 km2, comparable en territorio a Viet Nam, Finlandia, Alemania, una vigésima quinta parte de USA o cinco veces el territorio panameño; en donde el voto fue superior al 67.5% de los 103 millones de ciudadanos habilitados para sufragar. El resultado de las escogencias, en un parlamento bicameral, impulsó la Bolsa de Valores del Estado y subió el índice Nikkei, en el mercado internacional.
Tal vez, en esos mismos instantes en nuestro territorio, el juega vivo y el muñequeo, ha producido que un diputado trance en una Comisión de Trabajo y sea acusado por sus propios copartidarios de no jugar limpio en las reglas de juego.
A 14 horas de diferencia, en "El origen del sol" Katsuya Okada, líder del Partido Democrático del Japón (PDJ), asume la responsabilidad de la derrota de su colectivo, que bajó de 175 diputados a 113 y renuncia con honor a la Presidencia del mismo; mientras en Panamá, luego de más de 16 meses de pasadas las elecciones, un partido se autodestruye por la intolerancia que a sus interesados dirigentes les impide ver la más cruda realidad, que han perdido simpatía ante sus huestes y correligionarios, pero no han conocido la dignidad para dimitir.
" Es cosa de honor", diría cualquier émulo de las artes orientales, como cuando los shogunes regentaban el territorio y abrieron la alamedas en 1, 868 al emperador, dando paso al periodo Meiji, de la restauración y la florescencia, etapa de la luz, en la que se abolió el sistema feudal, brindando evolución, igual que en el liberalismo, al sistema legal y con ello, a nuevas reformas económicas, que se hacían incontenibles por parte de la sociedad. 92 años después de la revolución emancipadora Norteamericana y 79 años posterior de la revolución francesa, en Japón se construían los pilares de una sociedad moderna, cuando nosotros éramos un Departamento de Colombia o Estado Federal del Istmo de Panamá, pasando por el oprobioso colonialismo español y heredando un patrimonio plagado de miserias.
Eran tiempos en que los liberales eran guerrilleros y no por ser revolucionarios, los convirtieron en terroristas. Una sociedad, dio obligado paso a otra, con luchas similares en distintos continentes.
Junichiro Koizumi, Primer Ministro y reelecto por voluntad popular, quien preside el partido triunfador, que en quince años no había recibido tal apoyo, recibió 296 de los 480 asientos y con humildad se dirige a su pueblo reconociendo su compromiso de no gobernar más allá del año 2006, pese a haber obtenido la mayoría absoluta, con las dos terceras partes de los asientos en el parlamento.
En nuestro terruño, se acomoda la Constitución Política de la República, a la talla del nuevo partido de turno en el poder, en contubernio de los alternadores tradicionales, para que las leyes no alcancen a los poderosos y los "Magistrados" se nombren de a dedo y gusto de los privilegiados eternos del poder.
El partido Liberal Demócrata del Japón, vivió momentos de dura transformación, cuando muchos de sus dirigentes superiores fueron señalados de corrupción, hace más de diez años y su nivel de aceptación llegó a márgenes más bajos, que obligó al mismo a pactar con distintas fuerzas y aceptar acuerdos no tan afortunados, pero al final, el cambio de su dirigencia no se hizo esperar.
Por nuestras tierras, sin autoridad moral, se ha nombrado a cuanto dirigente ha quedado quemado en el proceso de decantación de la sociedad y se mantienen in mutantes, con una concha y costra, que no pareciera entrarle ni el salitre. Si no lo cree, mire para el Cerro Ancón y verá a los 10 de la Majestuosa.
Para resumir, quisiera dejar de pensar, que en nuestro medio triunfa la incapacidad y la mediocridad, demostradas en la mayoría de los funcionarios superiores de la administración del Estado, que traen de las empresas privadas como meritorios personajes y de la administración pública salen vapuleados con un currículo de insuficiencia administrativa.
Jamás puedo creer que en otra latitud, sean mejores que nosotros, dependiendo de cual sea el propósito de cada cual. De existir arraigado el honor y la lealtad, en nuestro medio, miles habrían muerto por el hara-kiri.



101 años de Panamá América

 
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