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Entre temores y esperanzas


Al iniciarse un nuevo período presidencial, surgen temores por el lado de la burocracia existente, no solamente por la sobrecarga fiscal que soporta la administración con un exceso de empleados sin funciones precisas, ni productivas, sino también porque se impone la necesidad de una reducción del gasto inútil, que se traduce en disminución de la planilla oficial en parte del engranaje político.
Quienes devengan un salario, sienten el temor de perder ese ingreso, ya que en algunos casos, es la única fuente de ingreso para el grupo familiar.
Por otro lado, profesionales que jamás se han probado como tales fuera del entorno administrativo oficial, temen ser desplazados de sus cargos, en los cuales no han demostrado firmeza, capacidad, superación ni eficiencia, pero que han logrado mantener a base de maquinaciones y hasta de deslealtad con sus compañeros.
Mientras tanto, emergen las esperanzas de que en esta nueva etapa de la vida pública, se produzcan acciones que adecentan la burocracia estatal, eliminen a los ineficientes y den cabida a quienes pudiendo ser productivos, no tienen los accesos políticos, ni los nexos partidarios que les permita la elegibilidad para determinados puestos públicos.
La selección de los señores ministros ha creado confianza en la seriedad de una administración rodeada de gente capaz, pero igualmente se espera que desde la figura principal, hasta el nivel más bajo, haya atención para quienes solicitan orientación, solución de sus problemas y alguna ayuda individual o colectiva.
Hay temores que están cimentados en lo que es previsible, no obstante también surge la esperanza de que se realizarán cambios profundos, que en alguna medida pueden afectarnos; pero ante su necesidad, debemos deponer el interés personal, porque también seremos beneficiarios de la buena gestión gubernamental.
No se trata de alcanzar el beneficio de un nombramiento, ni de mantenernos en cargos públicos a toda costa.
Lo que el país requiere es del dinamismo colectivo para alcanzar el desarrollo y la competitividad en todas las actividades, que nos haga realmente independientes, productivos con calidad, agresivos profesionalmente y confiados en la ejecución tanto del sector público, como en el área privada.
No podemos augurar persecuciones, abusos o arbitrariedades, porque sentimos la necesidad de desalojar de nuestra mente toda señal de desconfianza.
Es preciso abonar con optimismo cada acto en todos los niveles de la nación, para que el desprotegido sienta que podrá ser auxiliado, sembrando esperanza de mejores días, para cuyo logro debe aportar de sí el deseo de vencer y avanzar ante la adversidad.
Eliminemos los temores y sembremos esperanzas, porque el pasado solamente sirve de referencia; el hoy representa el basamento del futuro, que será bueno o malo, según el aporte que cada cual esté dispuesto a ofrecer para su particular progreso y mejoría.
Hagamos de este país lo que el destino le ha deparado, un sitial de armonía, laboriosidad, de justicia y de progreso, donde la dignidad y respeto por los derechos humanos es irrenunciable, para brindar el desarrollo turístico, comercial, industrial y económico, el soporte para afianzar la nacionalidad, teniendo orgullo en vez de temor, mostrando esperanza en vez de desaliento.
Deben impulsar las acciones necesarias para proteger y mejorar el medio ambiente tanto en el campo como en la ciudad. Lograr mayor igualdad entre los géneros, avanzar en el cese de toda forma de discriminación racial o étnica y generar nuevas oportunidades para la juventud.
El país ya no soportaría otra estocada de mal gobierno. El zapatismo mexicano propone que el que mande, mande obedeciendo, reconociendo así la idea de la representatividad; pero con nuevos e incluyentes controles democráticos. Ubica los liderazgos como resultado de un proceso colectivo democrático.
Mandar obedeciendo significa repensar el poder y a través de un planteamiento ético, pues es la subordinación del Estado al pueblo de donde emana el poder. Por ello, cada ciudadano es responsable de monitorear la marcha de la cosa pública, transparentarla, participar y también presionar y criticar cuando dé a lugar.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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