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Entropía política


Hace casi 20 años iniciamos una vida democrática como república. El mapa político compuesto principalmente por dos partidos tradicionales (PRD y arnulfistas) ha mantenido una alternabilidad del poder, que permite la subsistencia a los colectivos.

Sin embargo, los políticos muchas veces pasan por alto su responsabilidad democrática, que no sólo radica en respetar el resultado de las elecciones, sino en la ostentación del poder.

Hoy la evaluación acerca de este ejercicio deja mucho que decir; se percibe una corrupción matrimoniada con la impunidad, una justicia clasista y gobiernos ensañados en sus intereses propios que han dejado rezagados los planes nacionales.

Este desgaste supo capitalizarlo Ricardo Martinelli, quien intenta interpretar mediáticamente la frustración del pueblo en su propaganda. Su lema del "cambio" será difícil de sostener al electorado cuando los tradicionales, que tanto ataca, se prenden de su ascenso. El "cambio" le echó a perder la fiesta a los partidos acostumbrados, ahora desquebrajados ante la impotencia de subir en las encuestas.

Los arnulfistas no se ponen de acuerdo; una corriente cree que la oferta de Martinelli no debió rechazarse; la vicepresidencia, alcaldía capitalina y algunas diputaciones eran parte del plan de alianza. Pero la cabeza del partido no piensa igual; está dispuesto a continuar solo hasta el final aunque pierdan las elecciones y arriesgar al colectivo otro quinquenio fuera del poder, aún bajo el peligro de debilitarse y terminar como una tercera fuerza política.

La mayor parte de los Molirena y del PP anticipó esta catástrofe y prefirió obviar sus compromisos políticos para aliarse al CD y subsistir como colectivos, pues predicen que no podrán hacerlo si quedan fuera del gobierno.

Por otra parte, los perredistas, a pesar de su respetable número de adherentes, no han podido cristalizar su fortaleza. El divisionismo es evidente y la falta de liderazgo los acaba de matar. El partido parece andar sin rumbo trazado, más bien al ritmo de la espontaneidad que parece ser producto de un interés superior a la conquista de estas elecciones.

Como resultado de este escenario nos encontramos frente a una clase política en franca descomposición social, donde el mayor perjudicado es el pueblo quien pierde la esperanza y la fe en el sostén de la democracia, las instituciones y los partidos políticos.

101 años de Panamá América

 
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