EPB: La goberna-habilidad
Cuando nació el Toro, San Pedro estaba incapacitado. Eso explica por qué no le pusieron límites. Ni de niño. La anécdota de su distinguida progenitora, cuando contó "cómo la vez que Ernesto, chiquito, tenía con unos amiguitos tal desorden, que le mandé que entre ellos arreglaran la casa para cuando yo volviera; y a mi regreso lo encontré sentado mientras todos sus amigos trabajaban. l siempre quiso mandar"...Si no es textual, ese es el sentido de la anécdota familiar. Freud y cualquiera saben hoy que lo que el niño es, es luego el adulto, siempre niño. Por ello, la goberna-habilidad del presidente, se parece a la anécdota: l ha promovido muchísimos relajos, ha enrevesado el país, ha creado leyes personales, entre ellas, la de la reelección y el referéndum, con lo cual movió a todos, comprometió al Tribunal Electoral, despilfarró millones, sólo para que el espejito del país le diera permiso para volver a mandar. Y se encolerizó cuando el espejito del país no le dijo igual al espejito de él. ste último le expresó lo que él nos reclamó a todos: que era lo máximo y nosotros habíamos fallado por no reelegirlo. Otra vez lo de la anécdota. "Yo relajeo con todo y con todos, ustedes trabajan para mí". Así, de ese modo, él logró la mayor goberna-habilidad que hemos tenido en el siglo. Tal goberna-habilidad consiste, entre otras cosas, que tú como mandatario mandes no sólo a todos tus ministros y directores, sino a la Corte, la Asamblea, y lo que puedas llevar por los cachos. Tuvo sus ventajas, lo aceptamos. ¿Ejemplos?...Bueno, se aprobaron leyes en tres días, que hubiesen demorado tres años o tres siglos en aprobarse, y con las órdenes del señor, se pasaron a tambor batiente. Varias leyes eran, y son, vitales para el país.
No obstante, algunos problemas de esa goberna-habilidad, en contraste, es que también se aprobaron leyes, de madrugada, donde se les ponía nombres propios a grandes concesiones empresariales. En tal cosa había más habilidad que goberna, como en muchos casos. Pero el niño, el malcriado, el vivo, el que pone a trabajar a los demás para su provecho, sin trabajar él, como ya es adulto en tamaño y edad, y como ya no tiene quien lo regañe, se vuelve un megalómano, ávido de poder, codicioso de prebendas y fortunas de la vida. Todo ello es normal no sólo en él, sino en todos nosotros los humanos. La diferencia de los seres comunes, como usted que nos lee, es que nosotros no tenemos esa posibilidad, enorme, de la goberna-habilidad, que ya ustedes han comprendido que se trata de la moderna versión, en que son dueños los maestros mexicanos del PRI, los que nos enviaron a las ICAS y los santos corredores. Esa goberna-habilidad, quiere decir, gobierna para ti y unos pocos, poquísimos amigos. Cosa que, en efecto, le encanta al niño malcriado, que en psicología transaccional se denomina Niño Programado, sumiso o rebelde. El Torito Sumiso, es sumiso sólo ante los del Norte, los que regañan. Ante los nacionales, el Torito se vuelve rebelde, amenaza "con su rejo". Otra vez el niño que amenazó a sus compañeritos de juego, los desordenados juntos con él: "O recogen todo rápido, o les pego". A nivel global, para el país, para lo macro, significa: "Yo soy el Rey Sol, el Pluscuamperfecto, el Omnímodo, la medida y tamaño de todo, el tiempo y el espacio, si me pierden a mí, les viene el diluvio"... Ni más ni menos. Nos subestimó a todos, se sobrestimó sobre todos.
¿Por qué tanta letra sobre esto?... Porque se está llevando al país por despeñaderos que no tiene. Si bien hay muchísimos problemas, son solucionables con negociaciones políticas, empresariales, sindicales, gremiales, cívicas. Pero nada de estas posibilidades se vuelven posibles (¿redundancia?), si se mantiene un síndrome de la goberna-habilidad, que el señor Toro ha llevado, asombrosamente, ha de seguir manejando el país a su manera, como si acabase de ingresar a la Presidencia. Ya sé lo que me diría el propio Ernesto, no creo que haya cambiado mucho aquél que tanto conocí hace unos trece años, sonriendo socarronamente, entornando los ojos me diría: "Hey, ven acá, ¿acaso el período que conseguí dice que debía gobernar por cuatro años y ocho meses?, meto, no, dice que son cinco años, ¿cierto?... Y luego lanzaría una de esas graciosísimas carcajadas que nos regala en la televisión cuando está de excelente humor, como por ejemplo, cuando no ha tenido peleas con su propio primo, porque lo plomean en su mismo canal... No el de las esclusas, que también es suyo; el otro.
El gran problema es la escuela política que implantó aquel niño malcriado, entre los suyos. Que se resume en "todo se puede en el gobierno". Enseñanza directa del maestro último, del gran filósofo Man Nuelo, el que lo educó en el arte de no caerse nunca. La maestría se la dieron los mexicanos. Tal vez lo que no haya estudiado suficientemente es que Man Nuelo está preso, y en México, casi todo el poder, tal como el anterior, el de los hermanitos Gortari, podría terminar con sus notables excepciones, en el exilio o hasta en las suites presidenciales de las cárceles humanitarias de los aztecas. No es un deseo malévolo, no. Es un recorderis. No creemos que la presidenta entrante seguirá con la pasividad aparente que hoy tiene, como parte de una estrategia necesaria. El peso de las malacrianzas del niñito será su ruina. Predigo.
No obstante, algunos problemas de esa goberna-habilidad, en contraste, es que también se aprobaron leyes, de madrugada, donde se les ponía nombres propios a grandes concesiones empresariales. En tal cosa había más habilidad que goberna, como en muchos casos. Pero el niño, el malcriado, el vivo, el que pone a trabajar a los demás para su provecho, sin trabajar él, como ya es adulto en tamaño y edad, y como ya no tiene quien lo regañe, se vuelve un megalómano, ávido de poder, codicioso de prebendas y fortunas de la vida. Todo ello es normal no sólo en él, sino en todos nosotros los humanos. La diferencia de los seres comunes, como usted que nos lee, es que nosotros no tenemos esa posibilidad, enorme, de la goberna-habilidad, que ya ustedes han comprendido que se trata de la moderna versión, en que son dueños los maestros mexicanos del PRI, los que nos enviaron a las ICAS y los santos corredores. Esa goberna-habilidad, quiere decir, gobierna para ti y unos pocos, poquísimos amigos. Cosa que, en efecto, le encanta al niño malcriado, que en psicología transaccional se denomina Niño Programado, sumiso o rebelde. El Torito Sumiso, es sumiso sólo ante los del Norte, los que regañan. Ante los nacionales, el Torito se vuelve rebelde, amenaza "con su rejo". Otra vez el niño que amenazó a sus compañeritos de juego, los desordenados juntos con él: "O recogen todo rápido, o les pego". A nivel global, para el país, para lo macro, significa: "Yo soy el Rey Sol, el Pluscuamperfecto, el Omnímodo, la medida y tamaño de todo, el tiempo y el espacio, si me pierden a mí, les viene el diluvio"... Ni más ni menos. Nos subestimó a todos, se sobrestimó sobre todos.
¿Por qué tanta letra sobre esto?... Porque se está llevando al país por despeñaderos que no tiene. Si bien hay muchísimos problemas, son solucionables con negociaciones políticas, empresariales, sindicales, gremiales, cívicas. Pero nada de estas posibilidades se vuelven posibles (¿redundancia?), si se mantiene un síndrome de la goberna-habilidad, que el señor Toro ha llevado, asombrosamente, ha de seguir manejando el país a su manera, como si acabase de ingresar a la Presidencia. Ya sé lo que me diría el propio Ernesto, no creo que haya cambiado mucho aquél que tanto conocí hace unos trece años, sonriendo socarronamente, entornando los ojos me diría: "Hey, ven acá, ¿acaso el período que conseguí dice que debía gobernar por cuatro años y ocho meses?, meto, no, dice que son cinco años, ¿cierto?... Y luego lanzaría una de esas graciosísimas carcajadas que nos regala en la televisión cuando está de excelente humor, como por ejemplo, cuando no ha tenido peleas con su propio primo, porque lo plomean en su mismo canal... No el de las esclusas, que también es suyo; el otro.
El gran problema es la escuela política que implantó aquel niño malcriado, entre los suyos. Que se resume en "todo se puede en el gobierno". Enseñanza directa del maestro último, del gran filósofo Man Nuelo, el que lo educó en el arte de no caerse nunca. La maestría se la dieron los mexicanos. Tal vez lo que no haya estudiado suficientemente es que Man Nuelo está preso, y en México, casi todo el poder, tal como el anterior, el de los hermanitos Gortari, podría terminar con sus notables excepciones, en el exilio o hasta en las suites presidenciales de las cárceles humanitarias de los aztecas. No es un deseo malévolo, no. Es un recorderis. No creemos que la presidenta entrante seguirá con la pasividad aparente que hoy tiene, como parte de una estrategia necesaria. El peso de las malacrianzas del niñito será su ruina. Predigo.