default

Epílogo para un carnaval


Antes de que problemas de trascendencia nacional le resten actualidad al asunto, expreso mi resumen sobre el "affaire" del carnaval chitreano. No me interesa reproducir lo que ocurrió con la acción de Amparo de Garantías Constitucionales que propusimos en contra de la resolución alcaldicia que dispuso cambiar la sede tradicional del carnaval. Si me ocupare de ello tendría que hacer referencias técnico jurídicas que podrían terminar por enredar el mensaje de este artículo de periódico. Tampoco me suena importante hacerme eco de las reacciones de la autoridad que fue impugnada porque (en lo general) estuvieron cargadas de prejuicios, dogmatizadas e irreverentes, especialmente en lo que se refiere a la majestad de la Juez Civil que resolvió el recurso en primera instancia según su leal y saber y entender, y sin dejarse influir por el temor público o por las críticas injustas de que sería objeto de parte de las autoridades o de las personas interesadas o involucradas en el tema, según dispone la ética judicial para jueces probos y dignos en el numeral 12 del artículo 440 del Código Judicial.
Pero mirando hacia el futuro (que es lo que ahora interesa) es necesario sacar algunas conclusiones de este jolgorio reciente.
Primera conclusión: con abstracción de lo que pudo pensar en su momento la autoridad local, el cambio de la sede del carnaval chitreano supone, como mínimo, dos (2) riesgos sobre los cuales es mejor estar prevenidos. El primero es que esta fiesta pudo haber sido enterrada lo que, en el fondo, le concedería razón al Alcalde cuando la mudó a menos de 100 metros del cementerio municipal. El segundo riesgo consistiría en haberla convertido en una festividad fantasma por lo cual, en los próximos años, deambulará, sin ánimo, sin fuerza y sin fe (E.A. Morales) entre carnavales crecientemente ambiciosos y atrayentes como el de la Patria, por un lado, o, el de la Villa de Los Santos, por el otro.
Segunda conclusión: La nota más sobresaliente del carnaval chitreano han sido siempre sus mojaderas porque ocurren sin frenos, en deshoras y por doquier. Desde esta perspectiva, el carnaval en el parqueo de tierra del "Rico Cedeño" no fue, ni podía ser, la excepción. Hubo gente y agua hasta llegar al más auténtico lodazal de un día cualquiera de invierno. El éxito en estos aspectos es irrefutable. Pero ningún carnaval puede apreciarse de tal si se limita únicamente a los culecos. Así como no hay Semana Santa sin procesiones nocturnas, un carnaval sin la fantasía de la realeza (reinas, princesas, etc.), las tunas con sus cantalantes, fuegos artificiales, los carros alegóricos como tributos andantes del talento popular y las rivalidades de calles amigas, no es, por donde se le quiera ver, el carnaval al que todos aspiramos y añoramos. De noche bastaba pasar segundos por el Parque Unión para percatarse del agrio sabor que nos estaba dejando este último carnaval. Lucimos como un pueblo partido en dos participando de la misma fiesta. De día: empapados y alegres. De noche: tristes, aislados y obligados a buscar rumbo en pueblos cercanos para no frustrarnos del todo.
Tercera conclusión: si podemos convenir en que el carnaval es para el país lo que las huellas digitales significan para los panameños, no debe haber duda alguna de que el carnaval de Chitré le sobrevivirá a cualquiera autoridad nacional, local o regional y sea ésta administrativa o jurisdiccional. Los gobernantes pasarán, vendrán y nuevamente pasarán y cuando alguno de ellos (as) mal interpreten su papel o desoigan el mandato recibido, se ganarán democráticamente, el castigo de la desaprobación masiva y más pronto de lo que las voces lisonjeras de siempre le susurren a diario.
Lo trascendental es que el carnaval de Chitré no ha muerto y que él recuperará su cuna en condiciones tan inexorables, así como el mar se posesiona de aquellos territorios que algunos ingenuos piensan que se los arrebataron para siempre.
Tenemos que hacerle coro a la voz viviente de la fallecida Madre Teresa de Calcuta aceptando que la equivocación fue la cosa más fácil porque el egoísmo suele ser la raíz de todos los males. Pero cometeríamos el mayor error si abandonamos la lucha. Hay que saber que el camino correcto es la ruta más rápida si enarbolamos el optimismo como el mejor remedio.
En lo personal, el debe cumplido fue mi mayor satisfacción y, Dios primero, nos volveremos a ver en el carnaval de Chitré "Volvimos-2002".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América