Epopeya del día del trabajador
La celebración del 1 de mayo sigue teniendo gran importancia para todos los pueblos del mundo. Esta fecha marca un gran regocijo a todos los trabajadores de América, Africa, Asia, Europa y Oceanía. Después de 114 años de los sucesos que dieron surgimiento a esta conmemoración universal y recordada esta gesta gloriosa, cuando la clase trabajadora alcanzó un extraordinario triunfo: reducir la jornada máxima a ocho horas de trabajo al día. La fecha es significativa, ya que demostró la valentía de lucha de los obreros de la ciudad de Chicago y de otras ciudades norteamericanas. Más de cinco mil fabricas fueron paralizadas y 340,000 obreros salieron a las calles y plazas a manifestar sus exigencias. En Chicago, los sucesos tomaron rápidamente un rumbo violento que culminó en la masacre de la Plaza Haymarket (4 de mayo) y en el posterior juicio amañado contra los dirigentes anarquistas y socialistas de esa ciudad, y año y medio después, cuatro de ellos fueron ahorcados.
Los preparativos de la huelga general de 1886 habían empezado a formarse dos años antes, en noviembre de 1884, cuando se reunió en Chicago el IV Congreso de la AFL. (entonces Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los Estados Unidos y Canadá). Las dilataciones y negativas, aunque contestaron a las demandas los partidos políticos, empujaron a buscar nuevas formas de acción, basadas en las propias fuerzas. La decisión se fortaleció por la experiencia internacional conquistada por la clase obrera en aquellos años y sobre todo, por la del movimiento sindical inglés. En esto, juega un papel importante la unidad de los trabajadores para alcanzar triunfos y logros en beneficio de su clase social, es decir, de los hombres y mujeres que laboran en beneficio de una empresa ya sea pública o privada, a cambio de una remuneración o salario. Esta unidad sólo fue posible cuando comprendieron que virtualmente no alcanzarían sus conquistas sociales o laborales de otra forma y que debían unirse en organizaciones que denominaron sindicatos de trabajadores.
Uno de los autores de la proposición, que meses más tarde sacudiría a los Estados Unidos, fue Frank K. Foster, quien afirmó: "una demanda concertada y sostenida por una organización completa producirá más efecto que la promulgación de millares de leyes, cuya vigencia dependerá siempre del humor de los políticos... El espíritu de organización está en el aire, pero el costo que hemos pagado por nuestra inexperiencia, el sectarismo y la falta de espíritu práctico representan todavía grandes obstáculos para lanzar una huelga general". Foster proponía que todos los sindicatos manifestaran su voluntad unánime, apoyados por la organización entera, llevando a cabo una huelga general por la jornada de ocho horas. Igualmente, Gabriel Edmonston, que compartía ese punto de vista, hizo una proposición práctica: que a partir del 1 de mayo de 1886 se obligaría a los industriales a respetar sin más la jornada de ocho horas. Si los patrones se negaran, se declararía la huelga de inmediato. Edmonston: "La Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los Estados Unidos y Canadá ha resuelto que la duración de la jornada de trabajo, desde el 1" de mayo de 1886 será de ocho horas y recomendamos a las organizaciones sindicales de todo el país hacer respetar esta resolución a partir de la fecha convenida". Esta consigna se llevaría por todo el país y la prensa obrera agitaría esa demanda básica de los asalariados. En todo el país se crearon grupos locales encargados de la preparación del movimiento, se organizaron mítines y manifestaciones, se repartieron folletos y periódicos; se promovieron huelgas parciales, asambleas, conferencias, recolección de firmas y otras actividades de agitación. Durante estos preparativos, el número de sus adherentes se había triplicado en esos meses, en Chicago, el Comité por las Ocho Horas se puso en guardia contra las huelgas parciales o mal organizadas que podrían tener como consecuencia lock-puts y que "pueden hacer abortar el movimiento".
El presidente Gover Cleveland llevó la problemática obrera al Congreso, afirmando lo siguiente: "Las condiciones presentes de las relaciones entre capital y el trabajo son en verdad, muy poco satisfactorias y esto en gran medida por las ávidas e inconsiderables exacciones de los empleadores". Ante la gran fuerza del movimiento sindical, ciertas empresas no pudieron esperar la fecha fijada para conceder las ocho horas sin disminuir los salarios. Con esto, más de 30,000 obreros se beneficiaron en el mes de abril, principalmente los mineros de Virginia. En esta lucha es importante reconocer el valor histórico que representaron las mujeres trabajadoras, que en 1857 realizaron en Nueva York una gran huelga obrera, y el hecho que en 1908, más de 130 mujeres ofrendaron su vida en la lucha por lograr mejores condiciones de trabajo. Los acontecimientos ocurridos en EU en 1857, 1886 y 1908 y años posteriores, repercutieron también al movimiento sindical panameño cuando Panamá se convirtió en un emporio de miles de trabajadores e inclusive de norteamericanos que reclamaban también sus derechos durante la construcción del Canal por los franceses y los trabajos del Ferrocarril de Panamá.
Las ideas revolucionarias y de reivindicaciones sociales de la clase trabajadora llegaron a nuestro Istmo con aquellos trabajadores y fueron asimiladas por los diversos sindicatos a la celebración del de mayo como recordación a los trabajadores mártires caídos en aquellas luchas. Sin embargo, a inicios del siglo XXI, muchos trabajadores de todo el mundo son sometidos a muchas injusticias por parte de empresas privadas y estatales. La jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo, el pago puntual, y otros, son conquistas que muchos empresarios omiten, lo que conlleva a la explotación laboral de los trabajadores panameños. Es preciso reflexionar en los nuevos desafíos que se presentarán en este nuevo milenio y que constituyen un reto para todos nosotros, recordando las palabras del historiador inglés Thomas Carlyle: "El trabajo es el gran remedio de todas las enfermedades y miserias que asedian a la humanidad".
Los preparativos de la huelga general de 1886 habían empezado a formarse dos años antes, en noviembre de 1884, cuando se reunió en Chicago el IV Congreso de la AFL. (entonces Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los Estados Unidos y Canadá). Las dilataciones y negativas, aunque contestaron a las demandas los partidos políticos, empujaron a buscar nuevas formas de acción, basadas en las propias fuerzas. La decisión se fortaleció por la experiencia internacional conquistada por la clase obrera en aquellos años y sobre todo, por la del movimiento sindical inglés. En esto, juega un papel importante la unidad de los trabajadores para alcanzar triunfos y logros en beneficio de su clase social, es decir, de los hombres y mujeres que laboran en beneficio de una empresa ya sea pública o privada, a cambio de una remuneración o salario. Esta unidad sólo fue posible cuando comprendieron que virtualmente no alcanzarían sus conquistas sociales o laborales de otra forma y que debían unirse en organizaciones que denominaron sindicatos de trabajadores.
Uno de los autores de la proposición, que meses más tarde sacudiría a los Estados Unidos, fue Frank K. Foster, quien afirmó: "una demanda concertada y sostenida por una organización completa producirá más efecto que la promulgación de millares de leyes, cuya vigencia dependerá siempre del humor de los políticos... El espíritu de organización está en el aire, pero el costo que hemos pagado por nuestra inexperiencia, el sectarismo y la falta de espíritu práctico representan todavía grandes obstáculos para lanzar una huelga general". Foster proponía que todos los sindicatos manifestaran su voluntad unánime, apoyados por la organización entera, llevando a cabo una huelga general por la jornada de ocho horas. Igualmente, Gabriel Edmonston, que compartía ese punto de vista, hizo una proposición práctica: que a partir del 1 de mayo de 1886 se obligaría a los industriales a respetar sin más la jornada de ocho horas. Si los patrones se negaran, se declararía la huelga de inmediato. Edmonston: "La Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los Estados Unidos y Canadá ha resuelto que la duración de la jornada de trabajo, desde el 1" de mayo de 1886 será de ocho horas y recomendamos a las organizaciones sindicales de todo el país hacer respetar esta resolución a partir de la fecha convenida". Esta consigna se llevaría por todo el país y la prensa obrera agitaría esa demanda básica de los asalariados. En todo el país se crearon grupos locales encargados de la preparación del movimiento, se organizaron mítines y manifestaciones, se repartieron folletos y periódicos; se promovieron huelgas parciales, asambleas, conferencias, recolección de firmas y otras actividades de agitación. Durante estos preparativos, el número de sus adherentes se había triplicado en esos meses, en Chicago, el Comité por las Ocho Horas se puso en guardia contra las huelgas parciales o mal organizadas que podrían tener como consecuencia lock-puts y que "pueden hacer abortar el movimiento".
El presidente Gover Cleveland llevó la problemática obrera al Congreso, afirmando lo siguiente: "Las condiciones presentes de las relaciones entre capital y el trabajo son en verdad, muy poco satisfactorias y esto en gran medida por las ávidas e inconsiderables exacciones de los empleadores". Ante la gran fuerza del movimiento sindical, ciertas empresas no pudieron esperar la fecha fijada para conceder las ocho horas sin disminuir los salarios. Con esto, más de 30,000 obreros se beneficiaron en el mes de abril, principalmente los mineros de Virginia. En esta lucha es importante reconocer el valor histórico que representaron las mujeres trabajadoras, que en 1857 realizaron en Nueva York una gran huelga obrera, y el hecho que en 1908, más de 130 mujeres ofrendaron su vida en la lucha por lograr mejores condiciones de trabajo. Los acontecimientos ocurridos en EU en 1857, 1886 y 1908 y años posteriores, repercutieron también al movimiento sindical panameño cuando Panamá se convirtió en un emporio de miles de trabajadores e inclusive de norteamericanos que reclamaban también sus derechos durante la construcción del Canal por los franceses y los trabajos del Ferrocarril de Panamá.
Las ideas revolucionarias y de reivindicaciones sociales de la clase trabajadora llegaron a nuestro Istmo con aquellos trabajadores y fueron asimiladas por los diversos sindicatos a la celebración del de mayo como recordación a los trabajadores mártires caídos en aquellas luchas. Sin embargo, a inicios del siglo XXI, muchos trabajadores de todo el mundo son sometidos a muchas injusticias por parte de empresas privadas y estatales. La jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo, el pago puntual, y otros, son conquistas que muchos empresarios omiten, lo que conlleva a la explotación laboral de los trabajadores panameños. Es preciso reflexionar en los nuevos desafíos que se presentarán en este nuevo milenio y que constituyen un reto para todos nosotros, recordando las palabras del historiador inglés Thomas Carlyle: "El trabajo es el gran remedio de todas las enfermedades y miserias que asedian a la humanidad".