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Equidad e impuestos


La globalización y la integración regional traen consigo diversos efectos que están cambiando y cambiarán muchos paradigmas. El cambio va de lo estanco a lo fluido. Las economías cerradas y protegidas son como los lagos; están limitadas a lo que hay. Las economías abiertas son como los mares que se nutren de una gran cantidad de afluentes.
El régimen tributario de las economías cerradas se enfoca en gravar el capital. En las economías abiertas la tendencia es a gravar el consumo. La tendencia a gravar el consumo en lugar de la formación del capital no sólo es más sensata sino que también es más justa. Sobre todo en un país como Panamá en donde la política comercial pasa por exonerar de impuestos a los que más tienen y la tributaria tiende a no cobrárselos a los que menos tienen, el impuesto general al consumo sería tal vez el único impuesto que todos, nacionales y extranjeros, residentes temporales y permanentes, exonerados y no exonerados no podrían dejar de pagar. Tal y como está el sistema, quienes cargan con todo el impacto del modelo fiscal son los asalariados que constituyen la mayor parte de la clase media.
Un sistema tributario eficaz y moderno debe ser sencillo, justo y neutral. Sencillo para que sea fácil pagar impuestos y se elimine la discrecionalidad que es madre de la corrupción. Justo para que cada quien contribuya en proporción a su capacidad y para que lo que se cobre corresponda con los servicios que la ciudadanía recibe. Neutral para que el impuesto no pretenda sustituir a las fuerzas del mercado en la asignación de los recursos productivos y que no se discrimine a través de las políticas tributarias.
Nuestro régimen tributario dista mucho de ser sencillo, justo o neutral. Tal vez es así porque le hemos pedido a los tigres que establezcan un menú vegetariano.

101 años de Panamá América

 
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