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Errores en el matrimonio (II)


Seguimos explicando el tercer error. Existen personas casadas que se guardan resentimientos durante 10, 15, 20 años y cuando están discutiendo, sacan a relucir aquello que sucedió hace mucho tiempo. Eso es muy triste, pues no se han perdonado y hay que saber perdonar para poder convivir como seres humanos. Si no perdonamos, definitivamente, es que no amamos en plenitud. Lógicamente para perdonar hay que estar muy cerca de Dios.

Al no saber perdonar, cometemos otro error: no saber pedir perdón. Para pedir perdón hay que ser humildes. Existe mucha soberbia y orgullo en los matrimonios y en muchas personas que no quieren reconocer que han cometido un error. Hay que aprender a pedir perdón cuando se ha fallado.

Ya es tiempo de cambiar. Aprenda a perdonar. Perdonar implica olvidar y olvidar es enterrar el pasado y seguir adelante. Sepa que no hay reconciliación sin perdón, que la brecha se hace más grande cuando no se perdona. Aprenda a perdonar y a pedir perdón.

Cuarto error: No saber dialogar. ¡Rompa ese silencio sepulcral! En muchas casas hay auténticas tumbas; tumbas que conviven juntas, que se sientan a comer y no se comunican, no dialogan y cuando hablan es a gritos. ¡Qué tristeza! ¡Esto es terrible! Hay que dialogar y para eso, hay que ser muy sinceros y aprender a escucharse. Así, en la medida en que se comunican y saben escucharse, se van identificando el uno con el otro; se van haciendo en verdad una sola carne. Si éste es su caso, vamos a romper esta terrible barrera que se ha formado en su matrimonio. Aprenda a comunicarse, a decir las cosas con auténtica sinceridad, con delicadeza, con amor.

Usted puede cambiar. Tal vez estamos salvando su matrimonio, su relación familiar; estamos salvándolo a usted si aprende a dialogar más, a convivir más, a amarse más. Y no se olvide que con el Señor todo lo podemos, porque con ÉL, ¡somos INVENCIBLES!

101 años de Panamá América

 
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